Si tú no vuelves
me vendaré los ojos para no buscarte,
me romperé la voz para evitar llamarte,
renunciaré a mi cuerpo para no seguirte más.
Si tú no vuelves
me quedaré vacía,
y nunca me dirás a donde vas.
Se me acabarán las fuerzas
y perderé el sentido.
Todo nuestro tiempo no será más
que un camino circular
sin equilibrio,
y sé que yo me olvidaré de andar.
Si tú no vuelves
no habrá sonrisas,
y todas las miradas
serán reflejos de cristal.
Si tú no vuelves
no volverá tampoco el tiempo.
Teñiré de espinas rojas mis entrañas
y me hundiré muy dentro.
Si tú no vuelves nada importa.
Habremos hecho el idiota
lunes, 26 de abril de 2010
martes, 6 de abril de 2010
Entre querer y amar
Entre querer y amar hay una línea tan fina como un abismo, como un atisbo de querer o no querer estar. Hay un pequeño hilo, que se enreda muchas veces y no deja ver diferencia alguna, ni principio ni final. Hay un miedo apenas contenible entre quedarse en el querer o elevarse más, sabiendo que si surge al revés, el descenso puede ser mortal. Reside además la diferencia entre dudar en momentos de debilidades y no dudar jamás.
Entre querer y amar, en realidad, tampoco hay tanto. Es un pequeño recorrido que puede darse en dos o cien mil pasos. Querer es vestir el alma, mientras que amar es el estado que adoptas cuando querer ya es muy pequeño, ya no te abarca.
Entre querer y amar, pues, no hay más que diferencias de matices, que quien quiere no sabe y quien ama le pierden. Ve quien quiere, de este modo, dos ojos, y sabe leerlos, y sabe qué sienten. Ve sin embargo quien ama en esos dos ojos las puertas del alma. Quien quiere siente en el tacto una compañía eterna, una seguridad que cosquillea, que enreda, un deseo de querer parar el tiempo para no privarse nunca de tocarla. Encuentra sin embargo en el tacto quien ama un fuego de anhelo que nace en el pecho por querer estar más cerca, por henchirse dentro. Quien quiere en los labios siente urgencia de besarlos, tiene prisa por darlos; pero quien ama en los labios intenta que los besos duren años, cientos, para perderse mil veces en cada uno de ellos y acabarse encontrando.
Entre querer y amar no pasa nada, si uno de los dos no existe.
Ahora bien, al elevarse una parte sin la otra, al desprenderse una parte y descender… quien quiere se ahoga y quien ama se agota. Las miradas, a quien quiere atraviesan, y a quien ama, no llegan. Las manos, a quien quiere le queman y a quien ama le hielan. Los besos, a quien quiere le estorban y a quien ama le pesan.
Y de este modo, quien ama busca y quien quiere evita, y no se encuentran nunca, no se encuentran en el medio… porque entre querer y amar hay un infinito negro eterno.
Entre querer y amar, en realidad, tampoco hay tanto. Es un pequeño recorrido que puede darse en dos o cien mil pasos. Querer es vestir el alma, mientras que amar es el estado que adoptas cuando querer ya es muy pequeño, ya no te abarca.
Entre querer y amar, pues, no hay más que diferencias de matices, que quien quiere no sabe y quien ama le pierden. Ve quien quiere, de este modo, dos ojos, y sabe leerlos, y sabe qué sienten. Ve sin embargo quien ama en esos dos ojos las puertas del alma. Quien quiere siente en el tacto una compañía eterna, una seguridad que cosquillea, que enreda, un deseo de querer parar el tiempo para no privarse nunca de tocarla. Encuentra sin embargo en el tacto quien ama un fuego de anhelo que nace en el pecho por querer estar más cerca, por henchirse dentro. Quien quiere en los labios siente urgencia de besarlos, tiene prisa por darlos; pero quien ama en los labios intenta que los besos duren años, cientos, para perderse mil veces en cada uno de ellos y acabarse encontrando.
Entre querer y amar no pasa nada, si uno de los dos no existe.
Ahora bien, al elevarse una parte sin la otra, al desprenderse una parte y descender… quien quiere se ahoga y quien ama se agota. Las miradas, a quien quiere atraviesan, y a quien ama, no llegan. Las manos, a quien quiere le queman y a quien ama le hielan. Los besos, a quien quiere le estorban y a quien ama le pesan.
Y de este modo, quien ama busca y quien quiere evita, y no se encuentran nunca, no se encuentran en el medio… porque entre querer y amar hay un infinito negro eterno.
jueves, 1 de abril de 2010
Reflexión
Y ahí me quedé, tumbada en la cama. Tratando de no respirar, de no pestañear. Intentando ser invisible. Intentando desaparecer. Intentando aclarar las cosas con un hálito de silencio.
Y ahí permanecí, hora tras hora, viendo deslizarse el tiempo entre mi piel, y cómo iba envejeciendo por momentos. Me pitaban los oídos. Sentía en ellos mis latidos, confundidos, tergiversados por palabras expulsadas en una bocanada de rabia, de ira, de sinceridad... de vida. De una decepción acumulada que iba escapando, despacio, sin prisa.
Y ahí estuve yo, mirando un punto fijo, cayendo en el mayor de los abismos sin apenas moverme del sitio, en posición horizontal, cuerpo rendido, brazos muertos, corazón herido...y lágrimas de antidepresivos.
Dónde estará el límite de cada persona...
Y ahí permanecí, hora tras hora, viendo deslizarse el tiempo entre mi piel, y cómo iba envejeciendo por momentos. Me pitaban los oídos. Sentía en ellos mis latidos, confundidos, tergiversados por palabras expulsadas en una bocanada de rabia, de ira, de sinceridad... de vida. De una decepción acumulada que iba escapando, despacio, sin prisa.
Y ahí estuve yo, mirando un punto fijo, cayendo en el mayor de los abismos sin apenas moverme del sitio, en posición horizontal, cuerpo rendido, brazos muertos, corazón herido...y lágrimas de antidepresivos.
Dónde estará el límite de cada persona...
sábado, 20 de marzo de 2010
No dejes que me pierda
No dejes que me pierda si de repente me entra miedo, y al mirarme no ves nada de lo que yo estoy viendo. No dejes que me pierda si te quiero desde dentro, que nadie excepto yo puede entenderlo. Mas mirame y entiende que este es nuestro gesto. No dejes que me pierda si tomo velocidad y no me sigues, y me pierdo. Haz por seguir el rumbo. Si el frio me acoge no dejes que tiemble. Si el tiempo se adentra, que mi piel no envejezca. No quieras, no quieras ver como se apaga la luz de unos ojos con lagrimas en sus cuencas. No esperes que vuelva.
No dejes que me pierda si me recreo en el pasado, si me engaño sera que me he inventado. Y no me reconoceras cuando me pierda, cuando me enrede en tus dos piernas, no veras mas que lo que yo quiera.
Mas dejame buscarme para encontrar entender que ya soy algo, cuando me miras con tus gestos y se me acaban las palabras, y entonces se que estoy soñando, que estoy despierta, que vivo un sueño, que ya no hay miedo que tener que espantarlo.
Caera la noche entonces y te iras, como una promesa que va apagando un poco mas el dia, pero vuelves, siempre vuelves, y junto a ti vuelve el sol a borbotones, y junto a ti vuelve la vida, y ese sabor de querer dar lo mejor para arrancarte una sonrisa
No dejes que me pierda si me recreo en el pasado, si me engaño sera que me he inventado. Y no me reconoceras cuando me pierda, cuando me enrede en tus dos piernas, no veras mas que lo que yo quiera.
Mas dejame buscarme para encontrar entender que ya soy algo, cuando me miras con tus gestos y se me acaban las palabras, y entonces se que estoy soñando, que estoy despierta, que vivo un sueño, que ya no hay miedo que tener que espantarlo.
Caera la noche entonces y te iras, como una promesa que va apagando un poco mas el dia, pero vuelves, siempre vuelves, y junto a ti vuelve el sol a borbotones, y junto a ti vuelve la vida, y ese sabor de querer dar lo mejor para arrancarte una sonrisa
domingo, 14 de marzo de 2010
Somos nubes hechas
Hoy se nos ha volado un beso.
Fuerte, muy fuerte era el viento,
más fuerte el empeño
de querer alcanzarlo.
Hoy se nos ha volado un beso
cuando intentábamos darlo.
Tú lo has seguido un rato y yo
lo he observado.
Volaba tumbado, corría despacio
parecía un globo que se iba alejando.
Daba tumbos sin rumbo
y al final
se ha enganchado en un árbol.
Hoy se nos ha volado un beso.
Tú has extendido los brazos
y yo he confiado.
Has conseguido rozarlo,
pero se nos ha escapado...
Tenía prisa por llegar al cielo.
Yo he sonreído y tú has llorado, olvidando
que somos nubes hechas
de besos volados.
Y me has dado otro,
para hacerme más grande...
y yo lo he guardado.
Fuerte, muy fuerte era el viento,
más fuerte el empeño
de querer alcanzarlo.
Hoy se nos ha volado un beso
cuando intentábamos darlo.
Tú lo has seguido un rato y yo
lo he observado.
Volaba tumbado, corría despacio
parecía un globo que se iba alejando.
Daba tumbos sin rumbo
y al final
se ha enganchado en un árbol.
Hoy se nos ha volado un beso.
Tú has extendido los brazos
y yo he confiado.
Has conseguido rozarlo,
pero se nos ha escapado...
Tenía prisa por llegar al cielo.
Yo he sonreído y tú has llorado, olvidando
que somos nubes hechas
de besos volados.
Y me has dado otro,
para hacerme más grande...
y yo lo he guardado.
Nadie, nunca nadie, nadie excepto tú
Sentir suspirar tu labio espero.
Sobre mi labio
que suspire un tercero.
Un último descansará en la comisura,
completando de dos un juego.
No me hagas carecer de ello,
que tú y yo bien sabemos,
que en cinco versos cabe un simple beso
Sobre mi labio
que suspire un tercero.
Un último descansará en la comisura,
completando de dos un juego.
No me hagas carecer de ello,
que tú y yo bien sabemos,
que en cinco versos cabe un simple beso
domingo, 7 de febrero de 2010
Agua pura tuya no me puede salvar
Al ambiente lo envolvía un denso aliento de vapor, que apenas dejaba discernir el horizonte. El espejo se iba empañando más, cada vez más al tiempo que el calor subía, que la temperatura casi quemaba, pero no importaba. Ya no importaba nada. El ruido partido del caer del agua sobre el suelo de la ducha inundaba la habitación y hasta la casa. Fuerte ruido incesante apenas oido por dos orejas cubiertas de agua. Al igual que su rostro. Al igual que su cuello y que su cuerpo. Su pelo húmedo descansaba sobre sus hombros y se extendía espalda abajo, delatada ya su verdadera naturaleza de rizas ondas tras el contacto con el agua. Y ese pelo húmedo pesaba igual que le pesaba el alma. El agua, que caía con fuerza unificada se dividía después en partículas de gota resbalada, repartiéndose en iguales proporciones por todos los rincones de su piel. Y a pesar de no haber distinciones, una gota en particular recorría ese atrevido caminar que empezaba desde el agua acumulada en la raíz del pelo, y se deslizaba, cayendo, de forma tímida, casi incorpórea por la pendiente de una frente clara. Iba ganando velocidad al mismo tiempo que volumen, al recoger partículas ya indivisibles de mitades de mitades de gotas que quedaban impregnadas en el tabique de la nariz. Y al acabar sin más remedio en su filo, parte de esa gota se precipitará sin remedio al vacío.
Donde acaban como acaban las lágrimas que se esconden entre gotas de agua.
Donde acaban como acaban las lágrimas que se esconden entre gotas de agua.
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