No he parado de buscarte.
He buscado en otras gentes
la alegría misma tuya sola,
las sonrisas miles todas,
tu gracia de andares, cuerpo,
gesto y sexo.
El ruido de aviones de tu pelo cierto.
Te echo de menos.
He buscado las tuyas
en las curvas de otros cuerpos.
En los labios de otras bocas,
tus besos.
En otras pieles,
tu piel.
En otros pelos,
tu pelo.
Silencio.
He recorrido camas,
he visitado almohadas,
sábanas, se han quedado frías todas antes
de que llegara la mañana.
Heladas.
Te he buscado entre excusas,
acumulándote en las comusiras.
Sé que ya no estás en la rabia.
Sé que ya no estás en mi enfado.
Espanto.
Esparto, mimbre, cañas, barro.
No te he buscado en ti,
solo un reflejo.
No te he buscado en sí,
solo un recuerdo.
No he parado de buscarte.
No te he hallado,
excepto en mí.
Porque quizá de ti ya solo existe
esa parte imprescindible que hay en mí.
Esa que solo tú hiciste,
que tiene tu olor y tu risa,
que ya no busca otras bocas
pues sabe que existe una sola.
lunes, 21 de junio de 2010
domingo, 23 de mayo de 2010
te querré...
Hasta el día en que yo muera
te querré,
aunque sea un poquito.
Evitaré pensarte
a la lumbre de la vida,
mas, de noche,
reservarte en mi estará,
para dibujar tus facciones,
la costumbre al acostarse,
tan solo un huequito.
Hasta el día en que me muera
te querré,
aun no siendo merecido.
Y ahogando la espina del dolor
que deja el llanto,
rescataré recuerdos gratos.
Hasta el día en que yo muera,
asomará una lagrimita
en según cuando...
y solo yo sabré,
y solo yo sabré,
quién la alimenta y
de quién es.
Si me encuentran un día
mirando,
sin parecer ver,
te estaré evocando.
Y apenas durará un suspiro
en la memoria este recuerdo,
te habrás ido.
Pronunciaré cuando esté sola
en voz alta a ti
palabras, tantas,
que quedarán grabadas
en paredes almas
por si las llegases a leer.
Hasta el día que muera te querré.
Te querré en secreto,
te querré en silencio.
Te querré para guardarte
un rincón aquí, muy dentro.
Te querré cuando
quien me acompañe duerma.
Y así, sin luz,
me atreveré a esparcirte
con miradas y a besarte,
igual que antes.
Se irá la noche y te ocultaré
en lo más hondo del pensamiento,
hasta que vuelva a oscurecer.
Irán pasando así los ratos,
y los días,
y la vida...
Hasta el día en que yo muera
que será
cuando te deje de querer
te querré,
aunque sea un poquito.
Evitaré pensarte
a la lumbre de la vida,
mas, de noche,
reservarte en mi estará,
para dibujar tus facciones,
la costumbre al acostarse,
tan solo un huequito.
Hasta el día en que me muera
te querré,
aun no siendo merecido.
Y ahogando la espina del dolor
que deja el llanto,
rescataré recuerdos gratos.
Hasta el día en que yo muera,
asomará una lagrimita
en según cuando...
y solo yo sabré,
y solo yo sabré,
quién la alimenta y
de quién es.
Si me encuentran un día
mirando,
sin parecer ver,
te estaré evocando.
Y apenas durará un suspiro
en la memoria este recuerdo,
te habrás ido.
Pronunciaré cuando esté sola
en voz alta a ti
palabras, tantas,
que quedarán grabadas
en paredes almas
por si las llegases a leer.
Hasta el día que muera te querré.
Te querré en secreto,
te querré en silencio.
Te querré para guardarte
un rincón aquí, muy dentro.
Te querré cuando
quien me acompañe duerma.
Y así, sin luz,
me atreveré a esparcirte
con miradas y a besarte,
igual que antes.
Se irá la noche y te ocultaré
en lo más hondo del pensamiento,
hasta que vuelva a oscurecer.
Irán pasando así los ratos,
y los días,
y la vida...
Hasta el día en que yo muera
que será
cuando te deje de querer
Nada más
No cabe ya ni una sílaba más; explotará. Ni cabe un momento un desaliento débil. Hemos agotado el tiempo. Cuando la ira cae, la verdad queda, pura y simple. La realidad distorsionada por ojo vago hinchado, henchido de rabia, queda en nada.
Mas, que el enfado roto que despoja al odio no permita ni una muestra de amor, ni de perdón, ni de respeto.
Sus labios, todavía humedecidos, siempre, siempre, olerán a traición.
Mas, que el enfado roto que despoja al odio no permita ni una muestra de amor, ni de perdón, ni de respeto.
Sus labios, todavía humedecidos, siempre, siempre, olerán a traición.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Ese lugar
He llegado a ese lugar en el que nada es para siempre. Está oscuro y hace frío. Hace mucho frío. No hay nada alrededor, porque todo lo demás es ajeno, y está de menos.
He llegado a ese lugar en el que se rompen los sueños, y me han saltado al estallar trocitos de cristal. Apenas los siento, y sin embargo sé que se me va escapando el alma en cada herida sin cerrar. He llegado del dolor al umbral.
Hay un vacío que voy llenando casi sin quererlo de recuerdos nuestros muertos. Se van hundiendo... y yo con ellos. No veo, no quiero, no puedo respirar. Me ahogo, pero no muero. Muevo el silencio que me envuelve, por si estás detrás.
He llegado a ese lugar en el que nada importa, en el que las palabras quedan cortas y las fuerzas fallan y dejan de andar. No puedo más. Tengo miedo. Tengo frío. Tengo sueño. Angustia. Necesito escapar.
Tiño el aire con pesado aliento. Doy vueltas sobre el mismo centro. Un naufragio inexorable de silencio. Una irremediable bocanada de tiempo. Me pierdo.
He llegado a ese lugar en el que tú no estás
He llegado a ese lugar en el que se rompen los sueños, y me han saltado al estallar trocitos de cristal. Apenas los siento, y sin embargo sé que se me va escapando el alma en cada herida sin cerrar. He llegado del dolor al umbral.
Hay un vacío que voy llenando casi sin quererlo de recuerdos nuestros muertos. Se van hundiendo... y yo con ellos. No veo, no quiero, no puedo respirar. Me ahogo, pero no muero. Muevo el silencio que me envuelve, por si estás detrás.
He llegado a ese lugar en el que nada importa, en el que las palabras quedan cortas y las fuerzas fallan y dejan de andar. No puedo más. Tengo miedo. Tengo frío. Tengo sueño. Angustia. Necesito escapar.
Tiño el aire con pesado aliento. Doy vueltas sobre el mismo centro. Un naufragio inexorable de silencio. Una irremediable bocanada de tiempo. Me pierdo.
He llegado a ese lugar en el que tú no estás
lunes, 26 de abril de 2010
Si tú no vuelves
Si tú no vuelves
me vendaré los ojos para no buscarte,
me romperé la voz para evitar llamarte,
renunciaré a mi cuerpo para no seguirte más.
Si tú no vuelves
me quedaré vacía,
y nunca me dirás a donde vas.
Se me acabarán las fuerzas
y perderé el sentido.
Todo nuestro tiempo no será más
que un camino circular
sin equilibrio,
y sé que yo me olvidaré de andar.
Si tú no vuelves
no habrá sonrisas,
y todas las miradas
serán reflejos de cristal.
Si tú no vuelves
no volverá tampoco el tiempo.
Teñiré de espinas rojas mis entrañas
y me hundiré muy dentro.
Si tú no vuelves nada importa.
Habremos hecho el idiota
me vendaré los ojos para no buscarte,
me romperé la voz para evitar llamarte,
renunciaré a mi cuerpo para no seguirte más.
Si tú no vuelves
me quedaré vacía,
y nunca me dirás a donde vas.
Se me acabarán las fuerzas
y perderé el sentido.
Todo nuestro tiempo no será más
que un camino circular
sin equilibrio,
y sé que yo me olvidaré de andar.
Si tú no vuelves
no habrá sonrisas,
y todas las miradas
serán reflejos de cristal.
Si tú no vuelves
no volverá tampoco el tiempo.
Teñiré de espinas rojas mis entrañas
y me hundiré muy dentro.
Si tú no vuelves nada importa.
Habremos hecho el idiota
martes, 6 de abril de 2010
Entre querer y amar
Entre querer y amar hay una línea tan fina como un abismo, como un atisbo de querer o no querer estar. Hay un pequeño hilo, que se enreda muchas veces y no deja ver diferencia alguna, ni principio ni final. Hay un miedo apenas contenible entre quedarse en el querer o elevarse más, sabiendo que si surge al revés, el descenso puede ser mortal. Reside además la diferencia entre dudar en momentos de debilidades y no dudar jamás.
Entre querer y amar, en realidad, tampoco hay tanto. Es un pequeño recorrido que puede darse en dos o cien mil pasos. Querer es vestir el alma, mientras que amar es el estado que adoptas cuando querer ya es muy pequeño, ya no te abarca.
Entre querer y amar, pues, no hay más que diferencias de matices, que quien quiere no sabe y quien ama le pierden. Ve quien quiere, de este modo, dos ojos, y sabe leerlos, y sabe qué sienten. Ve sin embargo quien ama en esos dos ojos las puertas del alma. Quien quiere siente en el tacto una compañía eterna, una seguridad que cosquillea, que enreda, un deseo de querer parar el tiempo para no privarse nunca de tocarla. Encuentra sin embargo en el tacto quien ama un fuego de anhelo que nace en el pecho por querer estar más cerca, por henchirse dentro. Quien quiere en los labios siente urgencia de besarlos, tiene prisa por darlos; pero quien ama en los labios intenta que los besos duren años, cientos, para perderse mil veces en cada uno de ellos y acabarse encontrando.
Entre querer y amar no pasa nada, si uno de los dos no existe.
Ahora bien, al elevarse una parte sin la otra, al desprenderse una parte y descender… quien quiere se ahoga y quien ama se agota. Las miradas, a quien quiere atraviesan, y a quien ama, no llegan. Las manos, a quien quiere le queman y a quien ama le hielan. Los besos, a quien quiere le estorban y a quien ama le pesan.
Y de este modo, quien ama busca y quien quiere evita, y no se encuentran nunca, no se encuentran en el medio… porque entre querer y amar hay un infinito negro eterno.
Entre querer y amar, en realidad, tampoco hay tanto. Es un pequeño recorrido que puede darse en dos o cien mil pasos. Querer es vestir el alma, mientras que amar es el estado que adoptas cuando querer ya es muy pequeño, ya no te abarca.
Entre querer y amar, pues, no hay más que diferencias de matices, que quien quiere no sabe y quien ama le pierden. Ve quien quiere, de este modo, dos ojos, y sabe leerlos, y sabe qué sienten. Ve sin embargo quien ama en esos dos ojos las puertas del alma. Quien quiere siente en el tacto una compañía eterna, una seguridad que cosquillea, que enreda, un deseo de querer parar el tiempo para no privarse nunca de tocarla. Encuentra sin embargo en el tacto quien ama un fuego de anhelo que nace en el pecho por querer estar más cerca, por henchirse dentro. Quien quiere en los labios siente urgencia de besarlos, tiene prisa por darlos; pero quien ama en los labios intenta que los besos duren años, cientos, para perderse mil veces en cada uno de ellos y acabarse encontrando.
Entre querer y amar no pasa nada, si uno de los dos no existe.
Ahora bien, al elevarse una parte sin la otra, al desprenderse una parte y descender… quien quiere se ahoga y quien ama se agota. Las miradas, a quien quiere atraviesan, y a quien ama, no llegan. Las manos, a quien quiere le queman y a quien ama le hielan. Los besos, a quien quiere le estorban y a quien ama le pesan.
Y de este modo, quien ama busca y quien quiere evita, y no se encuentran nunca, no se encuentran en el medio… porque entre querer y amar hay un infinito negro eterno.
jueves, 1 de abril de 2010
Reflexión
Y ahí me quedé, tumbada en la cama. Tratando de no respirar, de no pestañear. Intentando ser invisible. Intentando desaparecer. Intentando aclarar las cosas con un hálito de silencio.
Y ahí permanecí, hora tras hora, viendo deslizarse el tiempo entre mi piel, y cómo iba envejeciendo por momentos. Me pitaban los oídos. Sentía en ellos mis latidos, confundidos, tergiversados por palabras expulsadas en una bocanada de rabia, de ira, de sinceridad... de vida. De una decepción acumulada que iba escapando, despacio, sin prisa.
Y ahí estuve yo, mirando un punto fijo, cayendo en el mayor de los abismos sin apenas moverme del sitio, en posición horizontal, cuerpo rendido, brazos muertos, corazón herido...y lágrimas de antidepresivos.
Dónde estará el límite de cada persona...
Y ahí permanecí, hora tras hora, viendo deslizarse el tiempo entre mi piel, y cómo iba envejeciendo por momentos. Me pitaban los oídos. Sentía en ellos mis latidos, confundidos, tergiversados por palabras expulsadas en una bocanada de rabia, de ira, de sinceridad... de vida. De una decepción acumulada que iba escapando, despacio, sin prisa.
Y ahí estuve yo, mirando un punto fijo, cayendo en el mayor de los abismos sin apenas moverme del sitio, en posición horizontal, cuerpo rendido, brazos muertos, corazón herido...y lágrimas de antidepresivos.
Dónde estará el límite de cada persona...
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