jueves, 2 de agosto de 2012
Expectación repugnante
Estoy aquí tumbada. Estoy aquí tumbada esforzándome en ser mejor, en pulverizarme con mayor avidez, en abismarme con gran maestría. Estoy aquí tumbada, derrotada, agotada, deshecha, tratando de recordar cómo olvidé levantarme. Pero ahora es tarde y mis manos están atadas al suelo. Es una tierra tierna y húmeda. En la espalda está tibia. En el corazón fría. Me va ahogando.
Estoy aquí tumbada a la espera de tu amor sincero. Te espero bajo la lluvia que no cae, ante el consuelo que no llega. Valiosas lecciones que se dan sobre cómo apagar con lágrimas un fuego, cuando sale del pecho. Estoy tumbada y no me apetece escribir. Pero escribo para no desaparecer. Escribo para que quede algo de mí, de esta hora insoportable y ella y yo somos la misma cosa.
Estoy aquí tumbada. Estoy tumbada intentando ser mejor para ti, buscando una respuesta para darte, encajando unas palabras que poder regalarte. Pero he perdido la coherencia, el camino y mi don. Mi don de transcribir un parpadeo de tus ojos en palabras. Pero me queda tu amor. Pero me queda tu amor por ti. Lo gano todo.
miércoles, 1 de agosto de 2012
Limitaciones
He dinamitado mis ojos hasta no poder más. He anulado mi trayectoria por las vísceras. Lo que no atenta muriendo, lo que no inserta matando. He recorrido las palabras aun sabiendo que estaba ya devastado.
Te echo de menos de no poder más. Te echo en falta de sobrar ausencias. Si anduvieses por el campo, por mi jardín de tierra quemada te darías cuenta de que mi rostro deforme ya no contiene mi nombre. Si te acercases a mí... ¡aunque fuese un instante! no dudarías que este olor repugnante proviene de no verte. Tengo cicatrices visibles en la cara quemada de sombra por cada día que mi olfato está privado de tu olor. Para qué quiero estas orejas si no puedo verte. Para qué estos ojos si no puedo escucharte. Me sobran los dientes de no arañarte.
Ahora me confundo con el vacío que soy yo,
con la lente de paso pesado que alumbra tu ausencia
amo todo lo que nos queda por hacer
amo todo lo que llegaremos a ser
Acaricio mi dolor como si cuidase de un lirio arrancado. No importa el agua ni la luz. Se irá marchitando. Pero es la tarea interminable de cambiar lo que no tiene remedio. Yo he podido saltar esta tapia y huir, correr, a lo más vago de la frontera incognoscible. Pero me quedo aquí, tumbada, custodiando mis pequeñas desgracias.
Y ahora se dinamitan el resto de mis ojos.
Podrías volver aunque fuese en forma de paloma, de hoja, de roca
podrías volver a salvarme de mí
podrías venir a buscarme
estoy bajo esta hiedra que me ha crecido de tanto esperarte
donde nada crece
donde nada cabe.
Te echo de menos de no poder más. Te echo en falta de sobrar ausencias. Si anduvieses por el campo, por mi jardín de tierra quemada te darías cuenta de que mi rostro deforme ya no contiene mi nombre. Si te acercases a mí... ¡aunque fuese un instante! no dudarías que este olor repugnante proviene de no verte. Tengo cicatrices visibles en la cara quemada de sombra por cada día que mi olfato está privado de tu olor. Para qué quiero estas orejas si no puedo verte. Para qué estos ojos si no puedo escucharte. Me sobran los dientes de no arañarte.
Ahora me confundo con el vacío que soy yo,
con la lente de paso pesado que alumbra tu ausencia
amo todo lo que nos queda por hacer
amo todo lo que llegaremos a ser
Acaricio mi dolor como si cuidase de un lirio arrancado. No importa el agua ni la luz. Se irá marchitando. Pero es la tarea interminable de cambiar lo que no tiene remedio. Yo he podido saltar esta tapia y huir, correr, a lo más vago de la frontera incognoscible. Pero me quedo aquí, tumbada, custodiando mis pequeñas desgracias.
Y ahora se dinamitan el resto de mis ojos.
Podrías volver aunque fuese en forma de paloma, de hoja, de roca
podrías volver a salvarme de mí
podrías venir a buscarme
estoy bajo esta hiedra que me ha crecido de tanto esperarte
donde nada crece
donde nada cabe.
martes, 31 de julio de 2012
Interminabilidades
Dejadme sola con las palabras que lloran,
he humedecido mis labios hasta no poder más.
He agotado hasta el límite de lo posible esta vida
la piedra
la hoja
mi paciencia.
Mi sudor innato que se va descerebrando.
He recorrido demasiados caminos descalzos.
Dejadme sola con esta soledad infatigable.
Dejadme sola.
A media noche bailaré
sumida en el espesor de la bruma
sobre la cara de un muerto.
he humedecido mis labios hasta no poder más.
He agotado hasta el límite de lo posible esta vida
la piedra
la hoja
mi paciencia.
Mi sudor innato que se va descerebrando.
He recorrido demasiados caminos descalzos.
Dejadme sola con esta soledad infatigable.
Dejadme sola.
A media noche bailaré
sumida en el espesor de la bruma
sobre la cara de un muerto.
viernes, 27 de julio de 2012
Salvese quien pueda
Estoy esperando a que pase el tiempo, a que pase algo, a que me lleve a ti, mi niña manchada con sangre. Esta soledad me retumba en la cabeza. No puedo salir. La música me perfora. La odio. La escupo. Pero vuelve. No importa cuánto me vomite. Siempre me vuelvo a comer. Es una batalla interminable conmigo misma. Es una lucha incansable. Pero yo me agoto de este olor a tierra mojada. Yo me desintegro entre la lluvia helada. Mis vísceras, mi sangre derramada por el aburrimiento. He querido invocarme y mi reflejo se me escurre entre mis dedos.
Y qué más escribir si nada rima con nada.
Si todo está dicho.
Si todo está inventado
y la realidad es una daga afilada en la que mi retrato me persigue fragmentado.
Fragmentaria mi mirada, mi boca, estas manos, este puto corazón humeante que no sabe cómo terminar de disolverse. A pequeños trozos cortados meticulosamente la realidad que se escurre entre los dedos y dejamos hacer, y nadie pretende atrapar. A mí me suda la frente de leerla. A mí se me escapa el esfuerzo por los poros. De retenerla.
Que me claven un arpón en un ojo. Que me muera desangrada o asfixiada. Que me arrebaten del mar. Que me arrojen al mar. Qué más da. El dulce pasear del oleaje me irá enterrando. Las olas calmadas irán haciendo espuma que tapará mi cara y se confundirá con mi saliva. Entonces parecerá que he muerto de rabia.
Es que he muerto de rabia.
Y qué más escribir si nada rima con nada.
Si todo está dicho.
Si todo está inventado
y la realidad es una daga afilada en la que mi retrato me persigue fragmentado.
Fragmentaria mi mirada, mi boca, estas manos, este puto corazón humeante que no sabe cómo terminar de disolverse. A pequeños trozos cortados meticulosamente la realidad que se escurre entre los dedos y dejamos hacer, y nadie pretende atrapar. A mí me suda la frente de leerla. A mí se me escapa el esfuerzo por los poros. De retenerla.
Que me claven un arpón en un ojo. Que me muera desangrada o asfixiada. Que me arrebaten del mar. Que me arrojen al mar. Qué más da. El dulce pasear del oleaje me irá enterrando. Las olas calmadas irán haciendo espuma que tapará mi cara y se confundirá con mi saliva. Entonces parecerá que he muerto de rabia.
Es que he muerto de rabia.
jueves, 26 de julio de 2012
Aproximaciones
El vacío me suena por dentro. Se me van cayendo las orejas cuando dejo de escuchar, cuando cesa de resonar, cuando no escucho tu nombre. He bajado al silencio no vacío de las palabras fantasma. Era una escalera blanca hecha por mis propios huesos. Como los animales me devoro entre mi propio yo, me consumo entre mi barro espeso hasta no poder distinguir el afuera del adentro. De mi barro más absoluto. El centro se ha des-centralizado. Me mira mi eterna ausente inclinada frenéticamente en palabras des-compuestas que no encuentran un detenerse. No hallaremos nunca el hasta donde.
-Pero está en nunca
Me he querido sumergir en la noche de los cuerpos que vibran. Ahora todo dentro de mí compone un revuelto de palabras batidas con tenedor. Puedes comerlas con cuchara. Puedes beberme de un trago. Largo. Te quemo la garganta. Me descompongo, me resquebrajo y me esparzo por las palabras poéticas que me han abandonado hace tiempo.
-Pero las he abandonado yo o nada es cierto.
Alumbra la sombra de falta de luz. Alumbra la creación poética. Yo he parido estas líneas bajo la mirada de mi ausente.
-Pero mi ausente no existe.
Yo comparto día a día mi reflejo con el espejo roto de mi ser incognoscible.
-Pero es el espejo de ti que no hay.
Me agoto inmensamente. Me llueven los párpados. No va a bastar esta noche con el agua del rocío. No va a servir siempre este refugio de versos-prosa sin sentido.
Te amo y no vienes.
¡Pero estoy arrodillada a las puertas de tu amor sincero!
¡Pero es que no ves que estoy aquí arrodillada
jadeando igual que un perro!
Ladrando incansable para que me lances un hueso.
¡Que tengo hambre!
¡Que quiero comerte!
Mi lengua se desliza entre los arrabales
entre las afueras de tu cuerpo hasta que te entra dentro.
Te amo y tú gimes.
Ven y devuelve toda la masa carnosa que cogiste de mí de forma argentina, todas mis muestras, todo mi rocío, mi agua, la humedad de la que estoy hecha.
¡que estoy arrodillada a las puertas de tu amor!
Haz que no muera sin verte
haz que se apague de aquí este echarte de menos
de aquí,
¡de aquí!,
¡que me estoy estrujando el pecho!
haz que te hagas volver a mis brazos incendiados
me arranco los ojos
los tuyos son verdes
y marrones
tu corazón, morado
tu corazón, dorado
te amo y ya vienes.
-Pero está en nunca
Me he querido sumergir en la noche de los cuerpos que vibran. Ahora todo dentro de mí compone un revuelto de palabras batidas con tenedor. Puedes comerlas con cuchara. Puedes beberme de un trago. Largo. Te quemo la garganta. Me descompongo, me resquebrajo y me esparzo por las palabras poéticas que me han abandonado hace tiempo.
-Pero las he abandonado yo o nada es cierto.
Alumbra la sombra de falta de luz. Alumbra la creación poética. Yo he parido estas líneas bajo la mirada de mi ausente.
-Pero mi ausente no existe.
Yo comparto día a día mi reflejo con el espejo roto de mi ser incognoscible.
-Pero es el espejo de ti que no hay.
Me agoto inmensamente. Me llueven los párpados. No va a bastar esta noche con el agua del rocío. No va a servir siempre este refugio de versos-prosa sin sentido.
Te amo y no vienes.
¡Pero estoy arrodillada a las puertas de tu amor sincero!
¡Pero es que no ves que estoy aquí arrodillada
jadeando igual que un perro!
Ladrando incansable para que me lances un hueso.
¡Que tengo hambre!
¡Que quiero comerte!
Mi lengua se desliza entre los arrabales
entre las afueras de tu cuerpo hasta que te entra dentro.
Te amo y tú gimes.
Ven y devuelve toda la masa carnosa que cogiste de mí de forma argentina, todas mis muestras, todo mi rocío, mi agua, la humedad de la que estoy hecha.
¡que estoy arrodillada a las puertas de tu amor!
Haz que no muera sin verte
haz que se apague de aquí este echarte de menos
de aquí,
¡de aquí!,
¡que me estoy estrujando el pecho!
haz que te hagas volver a mis brazos incendiados
me arranco los ojos
los tuyos son verdes
y marrones
tu corazón, morado
tu corazón, dorado
te amo y ya vienes.
jueves, 19 de julio de 2012
Deseo de ficción
Hace más de un mes una noticia me incendió por dentro: una pareja de 18 y 19 años fue tiroteada en un parque, en Texas, por ser pareja; por ser dos chicas. Llevaban cinco meses juntas, los mismos que llevaba yo con mi pareja cuando me enseñó la noticia.
Visualicé aquel parque, que no tenía por qué ser distinto a cualquier parque que yo conozco, y en él bancos de madera o de piedra, blancos o verdes, y en uno de ellos las dos chicas, sentadas muy cerca, hablando tal vez de ellas mismas, conociéndose, aprendiéndose, haciendo planes juntas, tal y como yo hago con mi pareja. Quizá incluso hablaban de escapar, de irse lejos, de la insoportable vida en sus propias casas, del sobrevivir cotidiano, de las condenas de los propios padres... Posiblemente se besaban, seguramente se besaban diciéndose todas estas cosas.
Y un coche pasó zumbando cerca del parque, aminorando la marcha al ver aquella escena. Puedo escuchar el deslizarse de la ventanilla a sus espaldas, tal y como a mis espaldas se bajó la ventanilla de un coche negro tocando el freno al verme con una pareja que tuve. También en la escena de Texas me imagino un coche negro. Y entonces, mientras aquí, a mis espaldas, una voz desagradable disparó unas palabras, allí, en vez de una boca con lengua asomó la boquilla de una pistola, y en vez de una voz brusca, un sonido atronador disparó dos balas hacia la pareja, deshaciendo aquel beso, arrebatando amor y dos vidas.
Y entonces qué diferencia hay entre las palabras arrojadas a mi nuca y las balas insertandose en ambas cabezas. Cuál la distancia entre las pistolas y las miradas que me arrojan encima todos los días al sostener con fuerza la mano de mi pareja por la calle, al agarrarla firmemente. No son dos actos aislados. No es locura o cultura. Las palabras lanzadas, las miradas arrojadas en España, se materializan en Estados Unidos con balas. La homofobia lingüística encuentra siempre una salida material en otra parte del mundo, donde el fácil acceso a las armas es posible. Y si aquí lo fuera, el frenar de aquel coche negro y el bajar las ventanillas hubiese sido todo, hubiese sido el fin. Las miradas homofobas no matan porque no tienen medios para convertirse en balas. Pero de otra manera sí matan... Pero en otro sentido sí disparan...
Y entonces qué diferencia hay entre aquel parque y estas calles:
Que yo cumplo seis meses con mi novia; Que ellas no. Que ellas nunca.
Que me maten por filósofa, por librepensadora, por mi pensamiento crítico, por mi autocrítica constante. Que me maten por inconformista, por estar en contra del sistema. Que me maten por roja, por republicana, por tener alergia a la guerra. Que me maten por pacifista. Que me maten por ser mujer, por feminista. Que me maten por ser poeta, por sentir, por no pensar, por irracional. Que me maten por atea, por realista, por negativa, por mis tristezas. Que me maten por mi antipatriotismo. Que me maten por ser cosmopolita, por mi aversión a las banderas. Que me maten por mis prejuicios. Que me maten por pensar que la política es un servicio hacia los demás, por mi rechazo a que cinco se llenen los bolsillos a costa de un millón. Que me maten por pensar. Por utópica, por idealista... Por no poder más. Pero que no me maten por querer a mi pareja. Que no me maten por amar a otra persona.
Y entonces qué diferencia hay entre las palabras arrojadas a mi nuca y las balas insertandose en ambas cabezas. Cuál la distancia entre las pistolas y las miradas que me arrojan encima todos los días al sostener con fuerza la mano de mi pareja por la calle, al agarrarla firmemente. No son dos actos aislados. No es locura o cultura. Las palabras lanzadas, las miradas arrojadas en España, se materializan en Estados Unidos con balas. La homofobia lingüística encuentra siempre una salida material en otra parte del mundo, donde el fácil acceso a las armas es posible. Y si aquí lo fuera, el frenar de aquel coche negro y el bajar las ventanillas hubiese sido todo, hubiese sido el fin. Las miradas homofobas no matan porque no tienen medios para convertirse en balas. Pero de otra manera sí matan... Pero en otro sentido sí disparan...
Y entonces qué diferencia hay entre aquel parque y estas calles:
Que yo cumplo seis meses con mi novia; Que ellas no. Que ellas nunca.
Que me maten por filósofa, por librepensadora, por mi pensamiento crítico, por mi autocrítica constante. Que me maten por inconformista, por estar en contra del sistema. Que me maten por roja, por republicana, por tener alergia a la guerra. Que me maten por pacifista. Que me maten por ser mujer, por feminista. Que me maten por ser poeta, por sentir, por no pensar, por irracional. Que me maten por atea, por realista, por negativa, por mis tristezas. Que me maten por mi antipatriotismo. Que me maten por ser cosmopolita, por mi aversión a las banderas. Que me maten por mis prejuicios. Que me maten por pensar que la política es un servicio hacia los demás, por mi rechazo a que cinco se llenen los bolsillos a costa de un millón. Que me maten por pensar. Por utópica, por idealista... Por no poder más. Pero que no me maten por querer a mi pareja. Que no me maten por amar a otra persona.
sábado, 7 de julio de 2012
Las palabras y las cosas
Un nombre en la noche me acaricia
me da patadas
hoy me han cortado las alas
como a un ángel sediento de infierno
y yo soy débil y enseguida caigo
y yo soy débil
me marchito como un pensamiento
el de mi cabeza
y también la flor
fugaz como el recuerdo de la infancia
de chordón Moncayo y pantano
cosas que ya no vuelven
así viene mi soledad
y la dejo entrar porque soy frágil
y la dejo hacer porque se puede
escucho la ausencia con las manos.
Un nombre en la noche,
que venga a salvarme.
No sé quién soy
si el rostro se me confunde en el espejo.
me da patadas
hoy me han cortado las alas
como a un ángel sediento de infierno
y yo soy débil y enseguida caigo
y yo soy débil
me marchito como un pensamiento
el de mi cabeza
y también la flor
fugaz como el recuerdo de la infancia
de chordón Moncayo y pantano
cosas que ya no vuelven
así viene mi soledad
y la dejo entrar porque soy frágil
y la dejo hacer porque se puede
escucho la ausencia con las manos.
Un nombre en la noche,
que venga a salvarme.
No sé quién soy
si el rostro se me confunde en el espejo.
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