Y si he negado la palabra
ahora me sobreviene vaciada
para que vuelva mil veces a llenarla
y se he negado esa palabra
que hablaba inmensamente de nosotras
ahora me acude para que la tome
ahora, ahora, me pide perdones.
Y si he negado mil veces mi existencia
corroborando mis manos atadas
mi cuerpo tendido hasta pasado el medio día
ya vuelvo a saltar de madrugada de la cama
ya vuelvo a despertarme antes que el sol de la infancia
ya exprimo las horas
ya duermo contigo
ya escribo palabras.
martes, 12 de marzo de 2013
Lluvia sin agua
El olvido de sí mismo atemporal
el olvido de sí mismo en un instante
el aguacero de palabras que cae tras el cristal
y los ojos en blanco.
El irremediable sabor
el infatigable deseo
la cama que se hace pequeña
tu pecho expandiendo.
El verso que lento se desnuda
la sílaba callada que se arrastra
mordiendo con los dientes la carne
sabiendo de antemano las partes.
El olvido de sí, el estallido de un SÍ
el grito incontrolado
el aullido remoto
y tus pies descalzos.
el olvido de sí mismo en un instante
el aguacero de palabras que cae tras el cristal
y los ojos en blanco.
El irremediable sabor
el infatigable deseo
la cama que se hace pequeña
tu pecho expandiendo.
El verso que lento se desnuda
la sílaba callada que se arrastra
mordiendo con los dientes la carne
sabiendo de antemano las partes.
El olvido de sí, el estallido de un SÍ
el grito incontrolado
el aullido remoto
y tus pies descalzos.
Desafío en sí mismo
¿Por qué moderar el fuego de mi alma
que se abrasa bajo el yugo de esta edad de bronce?
¿Por qué, débiles corazones, querer sacarme
mi elemento de fuego, a mí, que sólo puedo vivir en el combate?
F.Holderlin
Hago una parada de silencio, y las palabras vienen. Tal vez no exista en verdad el silencio.
Hago una parada de descanso, de procesar todo lo leído, de repugnar todo lo odiado. Hago una parada para indignarme, una parada necesaria, un alto en el camino que todas debemos hacer para enfadarnos. Porque si no nos enfadamos no sirve de nada señalar la injusticia. Porque si luego nos conformamos, para qué leer filosofía. Porque si realmente, y después de destapar la opresión disimulada, no nos detenemos a escuchar este no-silencio, esta imposibilidad de calma, y continuamos atareadas: o peor, nos detenemos y efectivamente no escuchamos absolutamente nada... para qué descubrir nuestra ignorancia, con lo felices que nos hace siempre.
Para qué leer textos de resistencia, si no han de convertirse en propias palabras de combate. Para qué comenzar deconstrucciones, si al aplicarlas a nosotras mismas no vamos a ser valientes. Para qué buscar los temas inconclusos sin respuesta, si no queremos trazar realmente la nuestra. Para qué plantear una lucha, si no hemos de dar ni un triste paso. Para qué mirarse al espejo y contemplar las cadenas, si no vamos a tener la fuerza necesaria para romperlas.
Hago una parada de silencio, después de todo lo leído, contemplando al mismo tiempo el resto de los textos y los libros que me quedan por leer. Hago una parada de respeto a todas las puertas que otras personas, con su valentía, me han abierto, y miro el camino que se extiende aún sin recorrer a lo largo de mi vida, con todos los silencios que me quedan por romper después de cada texto: por todos los combates que me quedan por luchar todavía, como fragmentos de una Batalla que comenzó hace ya tiempo.
que se abrasa bajo el yugo de esta edad de bronce?
¿Por qué, débiles corazones, querer sacarme
mi elemento de fuego, a mí, que sólo puedo vivir en el combate?
F.Holderlin
Hago una parada de silencio, y las palabras vienen. Tal vez no exista en verdad el silencio.
Hago una parada de descanso, de procesar todo lo leído, de repugnar todo lo odiado. Hago una parada para indignarme, una parada necesaria, un alto en el camino que todas debemos hacer para enfadarnos. Porque si no nos enfadamos no sirve de nada señalar la injusticia. Porque si luego nos conformamos, para qué leer filosofía. Porque si realmente, y después de destapar la opresión disimulada, no nos detenemos a escuchar este no-silencio, esta imposibilidad de calma, y continuamos atareadas: o peor, nos detenemos y efectivamente no escuchamos absolutamente nada... para qué descubrir nuestra ignorancia, con lo felices que nos hace siempre.
Para qué leer textos de resistencia, si no han de convertirse en propias palabras de combate. Para qué comenzar deconstrucciones, si al aplicarlas a nosotras mismas no vamos a ser valientes. Para qué buscar los temas inconclusos sin respuesta, si no queremos trazar realmente la nuestra. Para qué plantear una lucha, si no hemos de dar ni un triste paso. Para qué mirarse al espejo y contemplar las cadenas, si no vamos a tener la fuerza necesaria para romperlas.
Hago una parada de silencio, después de todo lo leído, contemplando al mismo tiempo el resto de los textos y los libros que me quedan por leer. Hago una parada de respeto a todas las puertas que otras personas, con su valentía, me han abierto, y miro el camino que se extiende aún sin recorrer a lo largo de mi vida, con todos los silencios que me quedan por romper después de cada texto: por todos los combates que me quedan por luchar todavía, como fragmentos de una Batalla que comenzó hace ya tiempo.
La resistencia in-acallada
Al poeta que siempre se dice,
a todas las que no se callan,
desde el exilio:
Machado y sus días azules
mi yo y mis días blancos
y aquel poema inacabado
al que le sobrevino la muerte
mis múltiples escritos a trozos
mi existencia fragmentaria
interrumpidos constantemente
por la muerte emocional
por la duda irracional
repugnarse a sí misma frente al espejo
pero volver a abrir la boca
enfrentarse a la escritura:
al papel desierto
batallar con tus palabras cuando no emergen seguidas
cuando hay espacios en medio
cuando hay huecos en blanco
jamás los refleja el poema completo
el Todo es mentira.
Machado y su sol de la infancia
y aquel pasado remoto que me teje
nublando el suelo que camino
si vivir es noche cerrada
me alimento continuamente de mis huesos
si vivir es boca callada
juro por Machado,
por el poeta y por su verso,
por aquel poema inacabado
que no estoy viviendo.
a todas las que no se callan,
desde el exilio:
Machado y sus días azules
mi yo y mis días blancos
y aquel poema inacabado
al que le sobrevino la muerte
mis múltiples escritos a trozos
mi existencia fragmentaria
interrumpidos constantemente
por la muerte emocional
por la duda irracional
repugnarse a sí misma frente al espejo
pero volver a abrir la boca
enfrentarse a la escritura:
al papel desierto
batallar con tus palabras cuando no emergen seguidas
cuando hay espacios en medio
cuando hay huecos en blanco
jamás los refleja el poema completo
el Todo es mentira.
Machado y su sol de la infancia
y aquel pasado remoto que me teje
nublando el suelo que camino
si vivir es noche cerrada
me alimento continuamente de mis huesos
si vivir es boca callada
juro por Machado,
por el poeta y por su verso,
por aquel poema inacabado
que no estoy viviendo.
viernes, 8 de marzo de 2013
el Bloqueo
Se ha instalado algo en mí,
no es la náusea extensa
ni el vómito implacable
ni un vértigo siquiera
se ha instalado algo en mí
que no he sabido definir del todo
que no he podido descubrir
pero que siento aquí,
entre esta nada
en el hueco que hay
entre una capa de mi piel con otra
pan con pan
sin nada dentro, ¡sin relleno!
una mísera amapola roja
desteñida, por supuesto.
Se ha instalado algo en mí
durante demasiado tiempo
es una barrera,
es un muro
es el Bloqueo
no me deja escribir ni decirme
no me deja crear ni existirme
no me deja ser yo
no me deja ni el nadie.
Hace ya casi un mes
que las palabras no brotan
de entre mis dedos
ni resuenan en la mente
ni paladeo entre la lengua
ni mordisqueo entre los dientes
hace ya casi un mes
que no siento el sabor de la sílaba
ni el contacto del cuerpo
ni el orgasmo del verso
hace ya casi tanto que no escribo
que no puedo escribirlo
y en un vago intento
dulce pero incierto
me he arrancado a deshojarme
me he decidido a desangrarme
entre palabras
que no pueden llamarse tales
entre tímidas letras reunidas
en un orden siempre exterior a ellas mismas
que no valen nada
que no saben a nada
solo a mierda.
Se ha instalado algo en mí
me ha sobrevenido el Bloqueo
me ha cogido por sorpresa,
sin aliento
en uno de esos momentos
en los que crecen telarañas en el cerebro
mi mente es un desván oscuro lleno de polvo
mi cabeza se ha fundido y está en coma
mis ideas vegetan, flotan en esta masa gris
cada día más escuálida
cada día más muerta.
No me viene la inspiración
ni las palabras
no me viene nada
mis manos devienen
en trozos de madera errante
en inútiles rachas de aire
me he convertido en una isla inerte
me he atardecido entre mí misma
estoy atrapada
estoy ahogada entre mi yo
entre esta existencia que se deshace
¡yo era palabras!
Pero nada,
ya no hay más tela para trazar mi textura.
Y no expreso el dolor pero puedo sentirlo
si no puedo escribirlo, no puedo decirlo.
no es la náusea extensa
ni el vómito implacable
ni un vértigo siquiera
se ha instalado algo en mí
que no he sabido definir del todo
que no he podido descubrir
pero que siento aquí,
entre esta nada
en el hueco que hay
entre una capa de mi piel con otra
pan con pan
sin nada dentro, ¡sin relleno!
una mísera amapola roja
desteñida, por supuesto.
Se ha instalado algo en mí
durante demasiado tiempo
es una barrera,
es un muro
es el Bloqueo
no me deja escribir ni decirme
no me deja crear ni existirme
no me deja ser yo
no me deja ni el nadie.
Hace ya casi un mes
que las palabras no brotan
de entre mis dedos
ni resuenan en la mente
ni paladeo entre la lengua
ni mordisqueo entre los dientes
hace ya casi un mes
que no siento el sabor de la sílaba
ni el contacto del cuerpo
ni el orgasmo del verso
hace ya casi tanto que no escribo
que no puedo escribirlo
y en un vago intento
dulce pero incierto
me he arrancado a deshojarme
me he decidido a desangrarme
entre palabras
que no pueden llamarse tales
entre tímidas letras reunidas
en un orden siempre exterior a ellas mismas
que no valen nada
que no saben a nada
solo a mierda.
Se ha instalado algo en mí
me ha sobrevenido el Bloqueo
me ha cogido por sorpresa,
sin aliento
en uno de esos momentos
en los que crecen telarañas en el cerebro
mi mente es un desván oscuro lleno de polvo
mi cabeza se ha fundido y está en coma
mis ideas vegetan, flotan en esta masa gris
cada día más escuálida
cada día más muerta.
No me viene la inspiración
ni las palabras
no me viene nada
mis manos devienen
en trozos de madera errante
en inútiles rachas de aire
me he convertido en una isla inerte
me he atardecido entre mí misma
estoy atrapada
estoy ahogada entre mi yo
entre esta existencia que se deshace
¡yo era palabras!
Pero nada,
ya no hay más tela para trazar mi textura.
Y no expreso el dolor pero puedo sentirlo
si no puedo escribirlo, no puedo decirlo.
lunes, 11 de febrero de 2013
Muerte lenta
Toda la noche ha forcejeado con su sombra,
toda la noche ha batallado con su deseo de ser otra
con su lengua cortada
con las palabras que no dejan de decirse desdiciéndose a sí mismas.
Toda la noche escupiendo el rostro de quien tiene dolor de sed
del que tiene ansia de Ser
pero la verdad es que no eres y ni siquiera tienes ya reflejo
el espejo se ha roto
yo no tengo rostro ni boca ni nariz
y lo mejor de todo
no tengo corazón
mi mirada de loca se desliza por estas palabras
mi locura errante
amo la soledad porque me destruye
amo la soledad porque me mata.
Y así, matándome, en el juego del sufrimiento eterno
podré decir que ya no existo
y que estas lágrimas no son mías
y que la sangre que sale entre mis dedos no es la mía
¡que yo no tengo sangre!
que a mi se me vacía el pecho cada día
y eso no importa ni importará nunca
no poder no saber no tener
no querer no querer no querer
no sentir ya más
no poder ya más
adivinarse como escoria entre el pensamiento
adivinarse como mierda entre la mirada de los otros
de la Otra:
lo Único que ha sido.
Deambular para siempre en ese terreno que es olvidado
divagar sentenciada por ese espacio que se va cerrando
por esa extensión de campo quemado que se disuelve
que se diluye
que se desnutre
del que nada queda
del que nada espera
del que nadie nunca se acuerda
ser siempre Nada dentro de este exilio al que estoy condenada.
toda la noche ha batallado con su deseo de ser otra
con su lengua cortada
con las palabras que no dejan de decirse desdiciéndose a sí mismas.
Toda la noche escupiendo el rostro de quien tiene dolor de sed
del que tiene ansia de Ser
pero la verdad es que no eres y ni siquiera tienes ya reflejo
el espejo se ha roto
yo no tengo rostro ni boca ni nariz
y lo mejor de todo
no tengo corazón
mi mirada de loca se desliza por estas palabras
mi locura errante
amo la soledad porque me destruye
amo la soledad porque me mata.
Y así, matándome, en el juego del sufrimiento eterno
podré decir que ya no existo
y que estas lágrimas no son mías
y que la sangre que sale entre mis dedos no es la mía
¡que yo no tengo sangre!
que a mi se me vacía el pecho cada día
y eso no importa ni importará nunca
no poder no saber no tener
no querer no querer no querer
no sentir ya más
no poder ya más
adivinarse como escoria entre el pensamiento
adivinarse como mierda entre la mirada de los otros
de la Otra:
lo Único que ha sido.
Deambular para siempre en ese terreno que es olvidado
divagar sentenciada por ese espacio que se va cerrando
por esa extensión de campo quemado que se disuelve
que se diluye
que se desnutre
del que nada queda
del que nada espera
del que nadie nunca se acuerda
ser siempre Nada dentro de este exilio al que estoy condenada.
viernes, 8 de febrero de 2013
¿Aún estáis dormidos?
Hace un frío repugnante. Hace un frío de hielo y de muerte, de injusticia y coacción, de opresión y vergüenza. Hace un frío de espada y pared, de precipicio y drama.
No sé ya ni siquiera cuántas son las víctimas de este terrorismo velado, de este Sistema Opresivo que empieza a asemejarse a un genocidio. La vivienda: el campo de concentración. La deuda: la cámara de gas. La crisis: la supuesta raza inferior que no es culpa nuestra y ni siquiera es cierta.
No sé cuántas son las víctimas, pero tampoco quiero saberlo: ni un número, ni un porcentaje. A mí esos datos no me valen. A mí esos datos me suenan a la vomitiva indiferencia que muestran los verdaderos culpables. Los reales asesinos.
A mí me importan más las caras, los nombres, las lágrimas, los sacrificios. A mí me interesan los casos particulares, los motivos, las aporías, los sinsentidos. A mí me mueven los actos desesperados, los conflictos internos, los problemas irresolubles.
Y entonces, se salta al vacío.
Y entonces, se pide auxilio.
Pero nadie viene.
El Sistema es un monstruo que te devora por dentro, que no tiene rostro, ni puede tenerlo. Es ésa su gran virtud, su escudo más férreo. La descentralización del poder es la imposibilidad de encarcelar a los verdaderos culpables de esas muertes, que no son suicidios, que no son decisiones personales, que no son opciones tomadas de forma voluntaria: son asesinatos. Es terrorismo, es exterminio. Es carnicería salvaje que sucede delante de nuestros ojos, que nos acompaña a lo largo del día en varios titulares. Leemos y aceptamos el asesinato, y luego condenamos la violencia que intenta resistir a la vida opresiva y alienante que no deja ya respirar: porque es visible.
Mientras una subjetividad, con todo el bagaje que le subyace, con toda la vida que le pertenece, con todas las subjetividades de las cuales depende, es empujado por la mano invisible a abrir la ventana, es apuntado con una pistola intangible a saltar al vacío, el poder continúa llenándose los bolsillos con ese dinero que podría haber salvado esa vida, que podría haber ahorrado cientos de asesinatos.
Pero esto no va a dar para más. Llegará un momento en el que esto no de para más. Llegará ese día en el que por fin se comprenda que el verdadero terrorismo es esto, nada más que esto: esta partida a la que están jugando unos pocos con nosotros, como si fuésemos piezas de ajedrez.
Y va a llegar el día, ese día en el que seamos conscientes de nuestra propia trampa, la hora en que advirtamos nuestra instrumentalización: el objeto en el que nos han convertido y ya somos. La cosificación que han llevado a cabo de nuestra vida. Solo somos objetos sustituibles y reemplazables, sin existencia ni importancia verdadera.
Llegará el día en el que se explicite de forma férrea que ya no estamos viviendo, que ésto es cualquier cosa menos una vida, que ni siquiera estamos ya sobreviviendo. Solo estamos sirviendo. Somos sirvientes, somos esclavos, y somos empleados como instrumentos para llegar a fines mucho más elaborados, mucho más altos. Y cuando un instrumento no sirve, se arroja a la basura. Y el Sistema está tan jodidamente bien diseñado que ni siquiera hace falta esa mano ni ese acto de tirarnos: nosotros mismos, por la ventana, nos arrojamos. Nosotros mismos somos conscientes de que el uso que nos daban ya no es operativo y no tiene sentido seguir respirando.
Pero hasta que llegue ese día, hasta que llegue esa mañana en la que el pueblo se levante y se comprenda como pueblo, en el que cada una de las subjetividades se mire al espejo por fin entendiendo que ya no es más que un objeto, no pienso quedarme esperando, no pienso dejarlo aparcado.
Y quien acepte este juego que siga jugando. Y quien quiera cambiarlo que se despierte y advierta que para cambiar hay que empezar luchando.
No sé ya ni siquiera cuántas son las víctimas de este terrorismo velado, de este Sistema Opresivo que empieza a asemejarse a un genocidio. La vivienda: el campo de concentración. La deuda: la cámara de gas. La crisis: la supuesta raza inferior que no es culpa nuestra y ni siquiera es cierta.
No sé cuántas son las víctimas, pero tampoco quiero saberlo: ni un número, ni un porcentaje. A mí esos datos no me valen. A mí esos datos me suenan a la vomitiva indiferencia que muestran los verdaderos culpables. Los reales asesinos.
A mí me importan más las caras, los nombres, las lágrimas, los sacrificios. A mí me interesan los casos particulares, los motivos, las aporías, los sinsentidos. A mí me mueven los actos desesperados, los conflictos internos, los problemas irresolubles.
Y entonces, se salta al vacío.
Y entonces, se pide auxilio.
Pero nadie viene.
El Sistema es un monstruo que te devora por dentro, que no tiene rostro, ni puede tenerlo. Es ésa su gran virtud, su escudo más férreo. La descentralización del poder es la imposibilidad de encarcelar a los verdaderos culpables de esas muertes, que no son suicidios, que no son decisiones personales, que no son opciones tomadas de forma voluntaria: son asesinatos. Es terrorismo, es exterminio. Es carnicería salvaje que sucede delante de nuestros ojos, que nos acompaña a lo largo del día en varios titulares. Leemos y aceptamos el asesinato, y luego condenamos la violencia que intenta resistir a la vida opresiva y alienante que no deja ya respirar: porque es visible.
Mientras una subjetividad, con todo el bagaje que le subyace, con toda la vida que le pertenece, con todas las subjetividades de las cuales depende, es empujado por la mano invisible a abrir la ventana, es apuntado con una pistola intangible a saltar al vacío, el poder continúa llenándose los bolsillos con ese dinero que podría haber salvado esa vida, que podría haber ahorrado cientos de asesinatos.
Pero esto no va a dar para más. Llegará un momento en el que esto no de para más. Llegará ese día en el que por fin se comprenda que el verdadero terrorismo es esto, nada más que esto: esta partida a la que están jugando unos pocos con nosotros, como si fuésemos piezas de ajedrez.
Y va a llegar el día, ese día en el que seamos conscientes de nuestra propia trampa, la hora en que advirtamos nuestra instrumentalización: el objeto en el que nos han convertido y ya somos. La cosificación que han llevado a cabo de nuestra vida. Solo somos objetos sustituibles y reemplazables, sin existencia ni importancia verdadera.
Llegará el día en el que se explicite de forma férrea que ya no estamos viviendo, que ésto es cualquier cosa menos una vida, que ni siquiera estamos ya sobreviviendo. Solo estamos sirviendo. Somos sirvientes, somos esclavos, y somos empleados como instrumentos para llegar a fines mucho más elaborados, mucho más altos. Y cuando un instrumento no sirve, se arroja a la basura. Y el Sistema está tan jodidamente bien diseñado que ni siquiera hace falta esa mano ni ese acto de tirarnos: nosotros mismos, por la ventana, nos arrojamos. Nosotros mismos somos conscientes de que el uso que nos daban ya no es operativo y no tiene sentido seguir respirando.
Pero hasta que llegue ese día, hasta que llegue esa mañana en la que el pueblo se levante y se comprenda como pueblo, en el que cada una de las subjetividades se mire al espejo por fin entendiendo que ya no es más que un objeto, no pienso quedarme esperando, no pienso dejarlo aparcado.
Y quien acepte este juego que siga jugando. Y quien quiera cambiarlo que se despierte y advierta que para cambiar hay que empezar luchando.
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