El agitar
enfurecido
del viento al encinar
anunciaba ya
la tormenta
inmensa
que habría de llegar,
como el abismo
en el que tú,
más yo,
en el que tú y yo
nos habíamos perdido.
Hacía frío,
y los cuerpos se buscaron,
y las manos se juntaron,
y los labios,
nuestros labios
esperaron.
Y el viento agitaba ya
el ciprés que nos miraba,
longo, álgido y tranquilo,
contemplando el recorrido
de mis ojos por tu rostro,
de tu rostro por el infinito.
Abstraído
tu aliento
queriendo volar, huir,
ansiando escapar, huir,
de ese momento incierto,
lunático, expuesto
al movimiento
que habría yo de producir.
Y empezó a llover,
y las gotas frías,
frías gotas retorcidas,
todas mías,
en su caminar
antes de estrellar,
de estallarse contra el suelo,
recorrieron el espacio
que quedaba entre las dos
y sonó un beso.
Sonido de dos labios chocando
entre aquella inmensidad,
ahogaron
el agitar del viento,
el llorar de la nube,
el cortar de aliento,
el gruñido del trueno,
y ni el rayo,
ni el cielo,
ni el tiempo
brillaron más
que ese beso.
Reencuentro en tu mirar,
fin del desconsuelo al respirar.
La tormenta siguió
el vaivén de las nubes negras
como los labios
el volver del amor a tientas.
Dulces noches negras.
domingo, 17 de julio de 2011
No te lo he dicho
No te lo he dicho
pero en tus ojos
brilla la luz del universo,
el motivo del encuentro,
la lumbre eterna del momento
de reunirnos en este, el mismo fuego.
No te lo he dicho
pero en tu boca
crece poco a poco el alma
que he perdido, la calma
que he acogido, de tu cama
el pasillo, que se enreda entre la sábana.
De tu cuerpo solo un hilo
difuminado y nunca frío
de la ausencia de palabras
que no nos sirven, que cobran brío.
No te lo he dicho
pero en tu rostro
hay algo, hay algo
que no acierto a comprender,
es algo lejano,
no es de este mundo,
lo que se esconde
tras esa piel.
Y ya noto tu ternura
definiendo
la razón de mi ser.
Tu cordura
calmando mi sed.
Tu textura
tejiendo mi piel.
Para que me quede
muy cerca del suelo,
con tus pies en mis pies.
No te lo he dicho,
pero desde que has vuelto
sonrío y te quiero
y respiro otra vez.
pero en tus ojos
brilla la luz del universo,
el motivo del encuentro,
la lumbre eterna del momento
de reunirnos en este, el mismo fuego.
No te lo he dicho
pero en tu boca
crece poco a poco el alma
que he perdido, la calma
que he acogido, de tu cama
el pasillo, que se enreda entre la sábana.
De tu cuerpo solo un hilo
difuminado y nunca frío
de la ausencia de palabras
que no nos sirven, que cobran brío.
No te lo he dicho
pero en tu rostro
hay algo, hay algo
que no acierto a comprender,
es algo lejano,
no es de este mundo,
lo que se esconde
tras esa piel.
Y ya noto tu ternura
definiendo
la razón de mi ser.
Tu cordura
calmando mi sed.
Tu textura
tejiendo mi piel.
Para que me quede
muy cerca del suelo,
con tus pies en mis pies.
No te lo he dicho,
pero desde que has vuelto
sonrío y te quiero
y respiro otra vez.
Mas, absorbidas las cenizas
Y han pasado días malos,
horas frías,
sueños ralos.
Se han roto
poco a poco
de estas escaleras
los peldaños.
Se han hecho
trizas los daños,
han ardido los campos.
Y han cubierto de espinas
el manto,
de cribas
tu ausencia
larga, inmunda y hueca.
Y ha dolido
tanto,
y ha dolido
tanto, el no tenerte
y el dejarte despierta
y el añorarte en la noche,
y el implorar ese día
que no amanece,
que no amanece.
Y ha quemado
tanto
tus labios
con otros labios,
mi cuerpo
con otros cuerpos,
que tú no rozabas.
Piel que tocaba
los campos incendiados,
los valles de lágrimas,
las carreteras llanas
de oscuras verdes almas.
Y el fuego fatuo
que bajaba
de fuerte, enfrente
de rápidas escorrentías
se apagaba
y otra vez ardía
en cada beso que no te daba,
en cada palabra que no escrbía,
en cada abrazo que te imploraba,
en cada lágrima que recogía.
Mas, absorbidas las cenizas
de este tiempo amargo,
temporal de nubes
y no claros,
tormentas de truenos y rayos
ya te veo,
y ya tú estás
de la mano de este encuentro
con aliento
firme, sin pasos de duda
denso
el crepitar
de este silencio
que envuelve ese mirar
que me ilumina,
ese mirar
que me define,
que me asimila,
y que me da
nombre:
el de tus andares,
el de tu ternura,
el de la espesura
de tu pelo que me alumbra.
Y ya nos vamos lejos.
horas frías,
sueños ralos.
Se han roto
poco a poco
de estas escaleras
los peldaños.
Se han hecho
trizas los daños,
han ardido los campos.
Y han cubierto de espinas
el manto,
de cribas
tu ausencia
larga, inmunda y hueca.
Y ha dolido
tanto,
y ha dolido
tanto, el no tenerte
y el dejarte despierta
y el añorarte en la noche,
y el implorar ese día
que no amanece,
que no amanece.
Y ha quemado
tanto
tus labios
con otros labios,
mi cuerpo
con otros cuerpos,
que tú no rozabas.
Piel que tocaba
los campos incendiados,
los valles de lágrimas,
las carreteras llanas
de oscuras verdes almas.
Y el fuego fatuo
que bajaba
de fuerte, enfrente
de rápidas escorrentías
se apagaba
y otra vez ardía
en cada beso que no te daba,
en cada palabra que no escrbía,
en cada abrazo que te imploraba,
en cada lágrima que recogía.
Mas, absorbidas las cenizas
de este tiempo amargo,
temporal de nubes
y no claros,
tormentas de truenos y rayos
ya te veo,
y ya tú estás
de la mano de este encuentro
con aliento
firme, sin pasos de duda
denso
el crepitar
de este silencio
que envuelve ese mirar
que me ilumina,
ese mirar
que me define,
que me asimila,
y que me da
nombre:
el de tus andares,
el de tu ternura,
el de la espesura
de tu pelo que me alumbra.
Y ya nos vamos lejos.
lunes, 11 de julio de 2011
A
Tú ya no eres tú.
Tú ya eres otra
Que se posa
Lentamente
En su vaivén
Como piedras de ajedrez
Calculando el movimiento
Que habrás de hacer esta vez.
Ninguno,
Ninguno tal vez.
Tú ya no eres tú,
Y en tus ojos no encuentro
Lo que no busco,
Y en tus labios no anhelo
Lo que no espero,
Y entre nosotras no existe
Lo que poco a poco destruyendo fuiste.
Tú ya no eres tú
Pero te pareces
Tanto
Te pareces
A esa A que yo solía querer,
A la que quería prometer
El mundo
Que sostenía entre mis manos
Y un pasado borrado
Y un futuro temblando.
Te pareces tanto,
Te pareces
A esa A que me gustaba salvar,
Que necesitaba al dormir,
Que ansiaba cuidar,
A la que quería escribir.
Cuánto, cuánto
Te pareces a A,
A mi A,
A esa A que se rendía pronto
Pero volvía,
Que se asustaba, que me temía
Pero volvía,
Que me lloraba,
Que me añoraba,
Y que acudía
Siempre
A mis caricias.
Tú ya no eres tú
Pero tienes el mismo rostro que A
Esos ojos
Podría yo reconocerlos
Aunque esta calle que ya amanece
Antes llena, abarrotada de gente
De pronto se disolviese.
Y tienes los mismos labios,
Y el mismo gesto en sus comisuras,
Y la misma forma de andar,
Y de aterrarte,
De impresionarte
Y de morirte
Ante una situación insostenible.
Tienes la misma huida en las manos,
Y el mismo tacto,
Y el mismo olor que ya no huelo,
Y el mismo sabor que ya no aprecio.
Tú ya no eres tú,
Pero cuánto
Te pareces, cuánto
Te pareces a mi A.
Y no lo eres,
Ya no lo eres.
No te conozco,
Tú no me quieres.
Tú ya eres otra
Que se posa
Lentamente
En su vaivén
Como piedras de ajedrez
Calculando el movimiento
Que habrás de hacer esta vez.
Ninguno,
Ninguno tal vez.
Tú ya no eres tú,
Y en tus ojos no encuentro
Lo que no busco,
Y en tus labios no anhelo
Lo que no espero,
Y entre nosotras no existe
Lo que poco a poco destruyendo fuiste.
Tú ya no eres tú
Pero te pareces
Tanto
Te pareces
A esa A que yo solía querer,
A la que quería prometer
El mundo
Que sostenía entre mis manos
Y un pasado borrado
Y un futuro temblando.
Te pareces tanto,
Te pareces
A esa A que me gustaba salvar,
Que necesitaba al dormir,
Que ansiaba cuidar,
A la que quería escribir.
Cuánto, cuánto
Te pareces a A,
A mi A,
A esa A que se rendía pronto
Pero volvía,
Que se asustaba, que me temía
Pero volvía,
Que me lloraba,
Que me añoraba,
Y que acudía
Siempre
A mis caricias.
Tú ya no eres tú
Pero tienes el mismo rostro que A
Esos ojos
Podría yo reconocerlos
Aunque esta calle que ya amanece
Antes llena, abarrotada de gente
De pronto se disolviese.
Y tienes los mismos labios,
Y el mismo gesto en sus comisuras,
Y la misma forma de andar,
Y de aterrarte,
De impresionarte
Y de morirte
Ante una situación insostenible.
Tienes la misma huida en las manos,
Y el mismo tacto,
Y el mismo olor que ya no huelo,
Y el mismo sabor que ya no aprecio.
Tú ya no eres tú,
Pero cuánto
Te pareces, cuánto
Te pareces a mi A.
Y no lo eres,
Ya no lo eres.
No te conozco,
Tú no me quieres.
Quizá
Peor que olvidarte fue
Encontrarte
Y comprobar
Que existes.
Pues antes
Al pensarte
Veía un vacío,
Un abismo
Donde estabas antes.
Pero ahora
Al mirarme
He visto
Dos ojos que no eran los tuyos
Igual que tu rostro.
Otra persona
Con tu cara
Que besa como tú
Quizá
Que escucha como tú
Quizá
Que siente como tú
Quizá
Que toca como tú
Quizá
Pero no eras tú,
No eras tú,
No eras tú.
¿Dónde estás?
Encontrarte
Y comprobar
Que existes.
Pues antes
Al pensarte
Veía un vacío,
Un abismo
Donde estabas antes.
Pero ahora
Al mirarme
He visto
Dos ojos que no eran los tuyos
Igual que tu rostro.
Otra persona
Con tu cara
Que besa como tú
Quizá
Que escucha como tú
Quizá
Que siente como tú
Quizá
Que toca como tú
Quizá
Pero no eras tú,
No eras tú,
No eras tú.
¿Dónde estás?
La huida
Cielos decid, decidme, decid.
He corrido hacia atrás
Y he recordado el futuro
Y me he visto, decid, me he visto
Con dulces ojos, cuerpo triste
Pelo rubio, rojos diste
A morder los labios que quisiste.
Cielos decid, decidme, decid.
Cuánto más dolor
Cuántas más
Escenas
Que no se pueden soportar
Cuántos, cuántos más recuerdos
Puede almacenar
Un alma agotada, un cuerpo sin vida
Un rostro cansado, un aliento de trizas.
Si pudiese,
Si pudiese simplemente
Huir.
Oh, la huida
La huida, sí
La huida se torna
Como el eterno recorrido
Hacia delante en el camino
Sin saber ya
Quién eres en ti mismo.
La huida, yo quiero
Yo quiero la huida
Que deja sin aliento
Que vuela el mar y corta el viento
Yo quiero,
Yo quiero salir
De esta cabeza, de este cuerpo
De esta lengua, de este infierno.
Yo quiero llenar los ojos
De brillo de esperpento,
Y abastecer
Esa boca que ya es mía
De amanecer
De fuego y atardecer de lluvia
De dolor. Lo siento.
Cielos decid, decidme, decid.
Por qué vuela hoy el pájaro
Fuerte y lento
Hacia los confines del mundo, hacia el centro
Del firmamento claro eterno.
Por qué, por qué cielos, por qué
Sigue este sentimiento
Anclado entre los párpados
Que ya pesan, entre el silencio
Que enmudece, entre el sonido
Que ya entiende el sentido
Del que aprende, y el que debe
Su dolor, su sufrimiento
Para pagar
Otros, muchos otros
Sentimientos mayores
Que le crecen
En las entrañas
Y le muerden
Las palabras.
Si pudiese,
Si pudiese simplemente
Huir.
Oh, la huida, la huida
Muy lejos de este aspecto podrido
Y de este espíritu marchito.
Se atrofia el candente instante
Superfluo del encuentro
Corrompido por sus besos,
Y su tacto,
Y su mano en mi mano
Y mi mano en su brazo
Y su brazo en mi regazo.
Basta, silencio, silencio.
Cielos decid, decidme, decid.
Por qué se cae esa hoja
Del árbol que se posa
En sentido contrario al natural.
Por qué en verano
Aparece el frío
Tan de pronto, como abismo
Que se inserta, aquí,
Muy cerca de mí
Y me congela, y me destroza
Y en las heridas ¡crecen sal!
De las lágrimas que estos ojos
Ya lloran, ya derraman
Sin hallar nunca su final.
Si pudiese,
Si pudiese simplemente
Huir.
Tal vez sí.
Escapando de esta habitación
Que se posa entre mi cuerpo,
Que se colma de recuerdos
Que me ahogan, que me ensanchan
Un poco más el miedo
Y que me estrechan
Las paredes y el aire. Que se enreden
Entre mis dedos las llaves
Para salir de este escondite,
De este recoveco que jamás elegí,
Que nunca elegiste,
Y que me lleve el viento
Y el cielo, y el mar
Y la amapola, y la rosa, y la brisa
Y la estrella, y la calma, y la risa
Y el sonido, y el aumento del perfecto
Movimiento de vaivén
De un simple hermoso tren
Que me aleje,
Que me salve,
Que se lleve
Esos andares
De sus dedos
Por mí,
De sus labios
Por mí,
De sus manos,
Por mí.
Si pudiese,
Si pudiese simplemente
Huir.
He corrido hacia atrás
Y he recordado el futuro
Y me he visto, decid, me he visto
Con dulces ojos, cuerpo triste
Pelo rubio, rojos diste
A morder los labios que quisiste.
Cielos decid, decidme, decid.
Cuánto más dolor
Cuántas más
Escenas
Que no se pueden soportar
Cuántos, cuántos más recuerdos
Puede almacenar
Un alma agotada, un cuerpo sin vida
Un rostro cansado, un aliento de trizas.
Si pudiese,
Si pudiese simplemente
Huir.
Oh, la huida
La huida, sí
La huida se torna
Como el eterno recorrido
Hacia delante en el camino
Sin saber ya
Quién eres en ti mismo.
La huida, yo quiero
Yo quiero la huida
Que deja sin aliento
Que vuela el mar y corta el viento
Yo quiero,
Yo quiero salir
De esta cabeza, de este cuerpo
De esta lengua, de este infierno.
Yo quiero llenar los ojos
De brillo de esperpento,
Y abastecer
Esa boca que ya es mía
De amanecer
De fuego y atardecer de lluvia
De dolor. Lo siento.
Cielos decid, decidme, decid.
Por qué vuela hoy el pájaro
Fuerte y lento
Hacia los confines del mundo, hacia el centro
Del firmamento claro eterno.
Por qué, por qué cielos, por qué
Sigue este sentimiento
Anclado entre los párpados
Que ya pesan, entre el silencio
Que enmudece, entre el sonido
Que ya entiende el sentido
Del que aprende, y el que debe
Su dolor, su sufrimiento
Para pagar
Otros, muchos otros
Sentimientos mayores
Que le crecen
En las entrañas
Y le muerden
Las palabras.
Si pudiese,
Si pudiese simplemente
Huir.
Oh, la huida, la huida
Muy lejos de este aspecto podrido
Y de este espíritu marchito.
Se atrofia el candente instante
Superfluo del encuentro
Corrompido por sus besos,
Y su tacto,
Y su mano en mi mano
Y mi mano en su brazo
Y su brazo en mi regazo.
Basta, silencio, silencio.
Cielos decid, decidme, decid.
Por qué se cae esa hoja
Del árbol que se posa
En sentido contrario al natural.
Por qué en verano
Aparece el frío
Tan de pronto, como abismo
Que se inserta, aquí,
Muy cerca de mí
Y me congela, y me destroza
Y en las heridas ¡crecen sal!
De las lágrimas que estos ojos
Ya lloran, ya derraman
Sin hallar nunca su final.
Si pudiese,
Si pudiese simplemente
Huir.
Tal vez sí.
Escapando de esta habitación
Que se posa entre mi cuerpo,
Que se colma de recuerdos
Que me ahogan, que me ensanchan
Un poco más el miedo
Y que me estrechan
Las paredes y el aire. Que se enreden
Entre mis dedos las llaves
Para salir de este escondite,
De este recoveco que jamás elegí,
Que nunca elegiste,
Y que me lleve el viento
Y el cielo, y el mar
Y la amapola, y la rosa, y la brisa
Y la estrella, y la calma, y la risa
Y el sonido, y el aumento del perfecto
Movimiento de vaivén
De un simple hermoso tren
Que me aleje,
Que me salve,
Que se lleve
Esos andares
De sus dedos
Por mí,
De sus labios
Por mí,
De sus manos,
Por mí.
Si pudiese,
Si pudiese simplemente
Huir.
De un pasado próximo
Todavía siento
Su mano
Sobre mí,
Y me quema
Y estoy tan
Tan
Tan paralizada
Que se me olvida respirar.
Todavía, todavía
Si cierro los ojos
Visualizo aquel momento,
Materializo el instante
Que no vi,
Recuerdo el segundo
Del que huí,
Y se hace mío
Y se torna presente
Y real
Y doloroso.
Muerte,
La muerte ha
De acogerme
Porque sino
Voy a
Lentamente
Morir.
Su mano
Sobre mí,
Y me quema
Y estoy tan
Tan
Tan paralizada
Que se me olvida respirar.
Todavía, todavía
Si cierro los ojos
Visualizo aquel momento,
Materializo el instante
Que no vi,
Recuerdo el segundo
Del que huí,
Y se hace mío
Y se torna presente
Y real
Y doloroso.
Muerte,
La muerte ha
De acogerme
Porque sino
Voy a
Lentamente
Morir.
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