Construcciones poéticas al borde del precipicio del tiempo.
Si se me come el reloj con sus agujas no tendré más que decir
más que hacer en este campo lleno de vástagos en sombra.
Contemplar el bagaje de lo inevitable.
Se ha asomado la mañana por el umbral de tu cuerpo
te has asombrado de mi des-contento comprendiendo:
no hay vida más allá de tus ojos nunca negros
jugar eternamente con lo moldeable del lenguaje
con la masa no compacta de palabras
su textura flexible me permite envolverte entre las sílabas
y aunque nada rima todo está construido sobre lo devastado.
Jugar eternamente con las palabras y tú,
con los versos y tú
con tus ojos y tú
con el olor temprano que se posa en mi pañuelo
después de haberte abrigado el cuello
yo arrancaré como una posesa,
como una loca ávida de amor,
cada detalle de ti desde enero
para que sobren las palabras cuando nos amemos.
miércoles, 23 de mayo de 2012
lunes, 21 de mayo de 2012
Me quiere no me quiere
Me duelen los ojos pero es algo inevitable,
levantar alcantarillas con los párpados.
Me azotan nubes amarillas de miedo,
el rostro es inhabitable.
Diluir temprano el son acompasado de los montes altos
estoy harta de imperativos.
Las trampas mortales pesan sobre la cabeza
un poco hecha de serrín
un poco de lava
precipitándose la grava por la traslación
de caminos impenetrables al son de mis dioses
los que tienen tu rostro
te pondré en un altar para adorarte
el quejido de mis rodillas no será suficiente
tardaré mucho tiempo en levantarme.
Retornar al cascarón morado-roto que se había deshecho,
el que me cobijaba cuando no tenía nombre
líquido amniótico, un aspecto viscoso
lo húmedo del principio de los cuerpos.
La censura intachable de los ojos
y el viento y el frío y el suelo y lo blando
lo tristemente inabarcable de los brazos fijos
ha vuelto el cierzo de repente al mes de mayo.
Cortar el pelo como signo de vergüenza
pero que no
que estoy harta de imperativos
anduvimos largo tiempo por los párpados en sombra
cantando fragmentos de una historia no vivida todavía
ahora las hojas se van posando desde aquel enero
entre las ramas de tus brazos del tronco del invierno
mojarse lentamente la piel de los dedos.
Me duelen los ojos o si o no o si
deshojar la amapola
ya no quedan margaritas
o si o no o si o no
siempre sale quiero
siempre sale siempre.
levantar alcantarillas con los párpados.
Me azotan nubes amarillas de miedo,
el rostro es inhabitable.
Diluir temprano el son acompasado de los montes altos
estoy harta de imperativos.
Las trampas mortales pesan sobre la cabeza
un poco hecha de serrín
un poco de lava
precipitándose la grava por la traslación
de caminos impenetrables al son de mis dioses
los que tienen tu rostro
te pondré en un altar para adorarte
el quejido de mis rodillas no será suficiente
tardaré mucho tiempo en levantarme.
Retornar al cascarón morado-roto que se había deshecho,
el que me cobijaba cuando no tenía nombre
líquido amniótico, un aspecto viscoso
lo húmedo del principio de los cuerpos.
La censura intachable de los ojos
y el viento y el frío y el suelo y lo blando
lo tristemente inabarcable de los brazos fijos
ha vuelto el cierzo de repente al mes de mayo.
Cortar el pelo como signo de vergüenza
pero que no
que estoy harta de imperativos
anduvimos largo tiempo por los párpados en sombra
cantando fragmentos de una historia no vivida todavía
ahora las hojas se van posando desde aquel enero
entre las ramas de tus brazos del tronco del invierno
mojarse lentamente la piel de los dedos.
Me duelen los ojos o si o no o si
deshojar la amapola
ya no quedan margaritas
o si o no o si o no
siempre sale quiero
siempre sale siempre.
Mendigar migas aladas
Por no marchitar los trozos exacerbados del dolor
se han prendido llamas a un cielo descalzo.
El fuego me endulza
como lo edulcorado del mar que no llega
como el ruido de la ola entre la espuma por la arena.
Por no truncar las fuerzas desgastadas de razón
he consumido adioses en instantes
hablo de esa perra abandonada en una esquina
bajo el agua de la lluvia al romper sobre la herida.
La perra sin vida que era yo.
Para no dar rienda suelta al corazón.
se han prendido llamas a un cielo descalzo.
El fuego me endulza
como lo edulcorado del mar que no llega
como el ruido de la ola entre la espuma por la arena.
Por no truncar las fuerzas desgastadas de razón
he consumido adioses en instantes
hablo de esa perra abandonada en una esquina
bajo el agua de la lluvia al romper sobre la herida.
La perra sin vida que era yo.
Para no dar rienda suelta al corazón.
Cualquier hipótesis
Un viento negro viene a fragmentarme mi sonrisa descarnada
de ser otra como he sido
seguiría la línea de las ramas azules
pero ahora ando por ellas como por el agua
ingenuamente se colapsa la idea en la garganta
la que se va retorciendo
la que me ahoga
la palabra no es luz,
la palabra es silencio.
Me absorben manos calladas por la cintura
me muerden la lengua entre los dientes
mis ojos ya no están en sus cuencas
se nublan
se vician
se vacían de todo sentido innato
no me abraces por los hombros
devengo gota en el océano
yo=un precipicio
una arruga que es la ola
en la inmensidad de agua
la existencia se me come
las ruedas se entablan
los mordiscos me inmolan.
Mis dedos sangran,
pero es temprano.
de ser otra como he sido
seguiría la línea de las ramas azules
pero ahora ando por ellas como por el agua
ingenuamente se colapsa la idea en la garganta
la que se va retorciendo
la que me ahoga
la palabra no es luz,
la palabra es silencio.
Me absorben manos calladas por la cintura
me muerden la lengua entre los dientes
mis ojos ya no están en sus cuencas
se nublan
se vician
se vacían de todo sentido innato
no me abraces por los hombros
devengo gota en el océano
yo=un precipicio
una arruga que es la ola
en la inmensidad de agua
la existencia se me come
las ruedas se entablan
los mordiscos me inmolan.
Mis dedos sangran,
pero es temprano.
domingo, 20 de mayo de 2012
Mi no-lugar en los márgenes
Envuelve un humo espeso el ambiente, dejando ver a duras penas la música cortando en los oídos. Y ese olor... no, no diré más por no seguir apreciándolo. Se han clavado las miradas altivas, por los tacones altos. Esa mirada me desgarra, me quita la piel a tiras. No a mi, que estoy hecha de toda la mierda del mundo, que me muevo entre los márgenes, sino a cada hija del extrarradio del mundo.
Somos inmigrantes. Exiliadas del patriarcado, de la heteronorma. Y las miradas de ojos pintados nos delatan en silencio, nos censuran hablando. Aprender a gritar con los ojos. Hemos accedido a mordernos la lengua. Pero ya sangra. Vomitarla o ahogarnos en nuestro propio fuego interno. Necesito más agua. Más aliento para escribir. Yo soy palabras. Pero mi subjetividad ha estallado por los aires, mi yo es múltiple, mi yo es hembra, no mujer, es lesbiana, es poeta, es filósofa, es inmigrante, es feminista, es bollera. Para mí no hay tantas cárceles. Pero el enemigo está siempre unido.
A los ojos que me van arrancando los míos a tiras les salen lenguas bífidas y echan veneno por las esquinas, lo inyectan a mi pluralidad. Veneno azul. Y una gaviota volando. Y estos son los más inofensivos. Mentira. El poder se ha descentralizado. Hay trono, pero no hay corona. Nadie se sienta a contemplar las muertes. Porque ya no hay matanzas. Hay suicidios. Y lo que se presumía erradicado sigue matando. Lo invisible actúa. El poder borra sus mecanismos de acción para no ser rastreado. Mientras siguen apareciendo ojos sin vida en las cunetas.
Soy inmigrante en mi propio país que es el mundo. Soy inmigrante de mi cosmopolitismo. Pero no quedan espacios donde ir. No hay más lugares. Ahora conquistar no-lugares. Donde todo se pliega sobre sí mismo. Quererse a sí. Así. Así se endulzan batallas perdidas. Pero en verdad no había ninguna batalla. Solo la que tú libras frente al espejo. Cada día. Lo que te obliga a hacerlo viene de fuera. De ese trono desierto. No lo sabes pero en verdad es jodidamente ridículo preguntarlo. Lo que importa es que no te aguantas la mirada en el espejo. Que no te soportas. Pero otras sí lo hacen. Las que te van devastando. Ya solo queda el silencio.
La Institución no es un lugar, es un flujo, es una red comunicada que atraviesa los lugares, tapando la salida de los no-lugares inventados. La historia de los vencedores. Es como una cuerda. No. Como muchas cuerdas a nuestro alrededor, que nos atan de pies y manos. Que nos conectan. También nos rodean el cuello. Si las estiramos nos ahogan. Ahogamos al de al lado. Mejor no moverse. Mejor no pensar por qué seguir respirando.
O cortar la cuerda.
Correr perseguido por esos ojos altivos hasta el no-lugar, no como escondite, sino como madriguera, como matriz, como útero materno. Para volverte a ser habitable a ti misma. Para convivirte.
La deconstrucción comienza dentro de ti dinamitando la estructura. Los cimientos vuelan por los aires. Si le da algún fragmento en la cabeza al enemigo, mejor. Construir partiendo de la base de que todo está devastado. Erigir edificios sobre contradicciones. Atentar contra la lengua. Batallar desde el lenguaje. Ladrillos moldeables. Líneas flexibles. Espacios abiertos. No-lugares sin paredes. Pero hay que partir de esa base. La que nos hace emerger. Aunque deconstruida.
Pero que siguen matando los ojos que condenan. Que siguen ahogando. Cada día hay muertos por la Institución. La Inquisición son todos los que no se han deshecho a sí mismos. Pero no por no estar en la Institución ya habitas fuera. A veces los márgenes se centralizan. A veces lo transgresor asienta. A veces lo subversivo oprime. A veces la revolución reproduce lo establecido. La lucha está dentro. Por eso no vemos los ojos que desgarran la piel. Devenimos hacia dentro.
Luego daremos por culo.
En el más placentero de los sentidos.
Somos inmigrantes. Exiliadas del patriarcado, de la heteronorma. Y las miradas de ojos pintados nos delatan en silencio, nos censuran hablando. Aprender a gritar con los ojos. Hemos accedido a mordernos la lengua. Pero ya sangra. Vomitarla o ahogarnos en nuestro propio fuego interno. Necesito más agua. Más aliento para escribir. Yo soy palabras. Pero mi subjetividad ha estallado por los aires, mi yo es múltiple, mi yo es hembra, no mujer, es lesbiana, es poeta, es filósofa, es inmigrante, es feminista, es bollera. Para mí no hay tantas cárceles. Pero el enemigo está siempre unido.
A los ojos que me van arrancando los míos a tiras les salen lenguas bífidas y echan veneno por las esquinas, lo inyectan a mi pluralidad. Veneno azul. Y una gaviota volando. Y estos son los más inofensivos. Mentira. El poder se ha descentralizado. Hay trono, pero no hay corona. Nadie se sienta a contemplar las muertes. Porque ya no hay matanzas. Hay suicidios. Y lo que se presumía erradicado sigue matando. Lo invisible actúa. El poder borra sus mecanismos de acción para no ser rastreado. Mientras siguen apareciendo ojos sin vida en las cunetas.
Soy inmigrante en mi propio país que es el mundo. Soy inmigrante de mi cosmopolitismo. Pero no quedan espacios donde ir. No hay más lugares. Ahora conquistar no-lugares. Donde todo se pliega sobre sí mismo. Quererse a sí. Así. Así se endulzan batallas perdidas. Pero en verdad no había ninguna batalla. Solo la que tú libras frente al espejo. Cada día. Lo que te obliga a hacerlo viene de fuera. De ese trono desierto. No lo sabes pero en verdad es jodidamente ridículo preguntarlo. Lo que importa es que no te aguantas la mirada en el espejo. Que no te soportas. Pero otras sí lo hacen. Las que te van devastando. Ya solo queda el silencio.
La Institución no es un lugar, es un flujo, es una red comunicada que atraviesa los lugares, tapando la salida de los no-lugares inventados. La historia de los vencedores. Es como una cuerda. No. Como muchas cuerdas a nuestro alrededor, que nos atan de pies y manos. Que nos conectan. También nos rodean el cuello. Si las estiramos nos ahogan. Ahogamos al de al lado. Mejor no moverse. Mejor no pensar por qué seguir respirando.
O cortar la cuerda.
Correr perseguido por esos ojos altivos hasta el no-lugar, no como escondite, sino como madriguera, como matriz, como útero materno. Para volverte a ser habitable a ti misma. Para convivirte.
La deconstrucción comienza dentro de ti dinamitando la estructura. Los cimientos vuelan por los aires. Si le da algún fragmento en la cabeza al enemigo, mejor. Construir partiendo de la base de que todo está devastado. Erigir edificios sobre contradicciones. Atentar contra la lengua. Batallar desde el lenguaje. Ladrillos moldeables. Líneas flexibles. Espacios abiertos. No-lugares sin paredes. Pero hay que partir de esa base. La que nos hace emerger. Aunque deconstruida.
Pero que siguen matando los ojos que condenan. Que siguen ahogando. Cada día hay muertos por la Institución. La Inquisición son todos los que no se han deshecho a sí mismos. Pero no por no estar en la Institución ya habitas fuera. A veces los márgenes se centralizan. A veces lo transgresor asienta. A veces lo subversivo oprime. A veces la revolución reproduce lo establecido. La lucha está dentro. Por eso no vemos los ojos que desgarran la piel. Devenimos hacia dentro.
Luego daremos por culo.
En el más placentero de los sentidos.
viernes, 18 de mayo de 2012
Recuperación
Lo firme de ti se ensancha en este camino muerto.
Has sabido salir.
Ya vienes a casa.
Ya vuelves de ti.
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