¿Dónde está el amor?
La gente dice que se apaga.
¿Dónde está el amor?
Siempre se dice que se acaba
como un fuego que se extingue
como la vela consumida
como la lluvia en la tormenta
como el agua.
Al principio hay una masa,
una cantidad ingente
que sube a borbotones por la boca
desde la tripa y la garganta
y luego,
nada.
Al principio hay una magia
en la que nunca se ha creído
tras la extinta infancia
una inocencia que vuelve
un perdón a la vida
un temor a la muerte.
¿Pero dónde está el amor por el camino?
Se va perdiendo a cada paso,
se va extinguiendo.
Se adormece entre las tardes,
se va escondiendo en los rincones.
La maleza lo atrapa, lo araña, lo absorbe.
Se relajan las miradas y los cuerpos
comienzan discusiones
y el amor muere como una margarita
cuyas hojas se han ido arrancando
sabedoras de su existencia finita.
¿Dónde está el amor?
Solo al principio
y luego, y luego
resignarse a la ternura
reducirse al cariño.
¿Dónde está ese amor?
Mi Imaginario y yo.
Si este fuego incendia el bosque,
arrasa cada trampa
y todas las dificultades
y cada día crece más y no se apaga
por más que se alerta:
¡desalojen sus casas!
Si este agua que se expande
nos inunda las mañanas
ni se seca ni se ahoga:
es un mar lleno de calma.
Si esta magia se contempla
en admirable fuera de sorpresa
si tú eres tuya,
y yo soy mía,
no hay trampa alguna:
somos siempre libres juntas.
Y el amor nos va creciendo siempre en el camino
¿y qué es eso sin abismo?
La inagotable ilusión que sentimos
al contemplar nuestro amor cotidiano.
Ese sentimiento tan continuo
que no puede no estar.
El amor siempre se nos crece
como una margarina in-deshojada permanente.
miércoles, 31 de julio de 2013
Progresos dentro de mi voz muda
Intento llegar a ti.
-Pensarás que ya estoy dentro-
Pero no.
Intento llegar a ti
Desplazando el mayor número posible de silencio.
-Pensarás que ya estoy dentro-
Pero no.
Intento llegar a ti
Desplazando el mayor número posible de silencio.
Y al final
Y al final
la felicidad era esta calma y no aquel drama
esta tranquilidad y nuestra casa
tus ojos, tu rostro y mi espalda
tus besos, tus brazos, mi caos.
Y al final
la felicidad era esta calma
esta calma, y nada más.
la felicidad era esta calma y no aquel drama
esta tranquilidad y nuestra casa
tus ojos, tu rostro y mi espalda
tus besos, tus brazos, mi caos.
Y al final
la felicidad era esta calma
esta calma, y nada más.
La nostalgia de ti es lo que sé del infinito
Te echo de menos y aún no te has ido.
Te extraño hasta desconocerme.
Te extraño tanto que te invento
y disuelvo la luna
acomodando en su lugar
tu recuerdo.
Hemos ido creciendo y ahora
no me cabe el corazón en este pecho
tan pequeño y tan sincero
que no quiere que te marches de su ciudad
porque las calles se quedan tibias y mojadas
pelean entre ellas para que vengas
te llaman aullando a tu rostro que preside los cielos.
Te echo de menos y aun no te has ido.
No recorreré ya más esa larga avenida
bajo un sol pegajoso intentando derrumbarme.
Ya no habrá más bajadas hasta ese barrio
en el que soñamos vivir juntas alguna vez.
No habrá más capítulos por este verano.
Te echo de menos tanto que me extraño.
Los madrugones para un desayuno escaso
tras las noches sin ti.
Remolonear en el sofá convertido en casa
tras las noches en ti.
Las curvas de mi cuerpo proyectadas en tu espalda,
tus gruñidos nocturnos,
mi pereza acumulada.
La guitarra que amontona polvo,
la pared de tu habitación renovada.
El helado derretido,
como los hielos olvidados,
las películas de drama
que nunca hablarán de Nosotras.
Los paseos y los besos bajo temperaturas criminales
Las ventanas abiertas por la noche.
Las sorpresas de limpieza
las tardes que se alargan en cerveza.
Echo de menos todo lo que hemos hecho
como recuerdos que se almacenan
en ese rincón de la memoria
donde se guarda todo aquello que merece la pena.
La libertad era eso
Hace tiempo que tengo una sospecha:
tú fuiste escrita para que te amase.
Tú fuiste escrita en braille
para no nombrarte.
Solo los dedos que se acercan a ti,
a tu calor de eterno enero,
pueden conocerte de verdad.
Tú fuiste escrita para recitarte.
Tú, creada para que te escribas
para que te inventes,
para que decidas.
Tú, cifrada con lenguaje propio
voy amando tus palabras
leo en tus gestos lo que entrañas
y crece mi sospecha
más real y más certera
de que yo soy esa poeta que vive
de tu verso y de tu cuerpo sedienta,
que aspira a recoger lo incomprensible
que ansía atesorar lo incognoscible…
Y que tú eres mi inasible,
Y que tú eres libertad.
sábado, 20 de julio de 2013
Desvelando el machismo cotidiano
Nada
más habitual y cotidiano que unos tíos pesados en un bar o en la calle
dirigiéndose a ti con algún comentario. Mi caso más próximo, ayer por la
noche. Es nuestro pan de cada día. Es la vida cotidiana de la mayoría
de las mujeres. Aunque por lo visto solo nos molesta a las feminazis… claro, somos unas radicales.
Nada más habitual y cotidiano que unos machirulos gritándote cual bestias, invadiendo tu espacio, un espacio del que tienes derecho a disfrutar a tus anchas sin que nadie tenga que molestarte, solo porque sienten que tienen el poder y la legitimidad de hacerlo.
Me pregunto cuántas mujeres interpelan a hombres por la calle para hacer comentarios de su aspecto físico. Cuántas van a tocarle el cuerpo a cada hombre que se cruzan por la calle y que va sin camiseta, que por cierto ahora en verano es un hecho de lo más habitual que no constituye ningún tipo de espectáculo.
El cuerpo masculino es lo neutro. El hombre es el Hombre, es decir, el ser humano. El cuerpo femenino siempre denota y significa sexo. Objeto sexual que esta ahí a disposición del macho ibérico de turno para poder ser mirado y contemplado como una cosa bonita que hay que valorar. Y la puntuación de la exhibición se emite, por supuesto, en voz alta, puesto que todo aquello que es pensado por un hombre tiene valor por si mismo y es legitimo transmitirlo. Los comentarios pueden variar, desde "guapa", "vayas tetas" hasta frases hechas de lo mas populares. En cualquier caso, tu cuerpo (no Tú como Sujeto) camina por la calle, un espacio de todas, a disposición de todo tipo de valoraciones. ¿Y quién es nadie para interpelarme y decirme cosas sobre mí, y pensar además que su opinión me importa?
La reacción más habitual de todas las mujeres que sufren este tipo de machismo es la no reacción. O un silencio o, incluso, una contestación halagada. Lo que se dice un seguir la corriente. Di que si. Es nuestro próximo eslogan ¡Síguele el rollo al machismo!
De modo que, los machirulos no solo se sienten con poder y legitimidad de emitir un juicio valorativo de cosificación sobre ti sino que las mujeres también sienten que ellos están en su derecho de hacerlo. Quédate calladita, sonríe y aprieta un poco el paso por si acaso. Pero déjalos, porque ya sabes… "son hombres."
¿Qué pasa cuando una mujer ha acogido nuestro “ninguna agresión sin respuesta”? Se girará, se detendrá y le contestará un comentario cortante. He estudiado largamente el comportamiento machirulesco en todas las ocasiones en que esto me ha sucedido, y no han sido pocas. Su reacción es siempre la misma: un silencio repentino, una expresión de sorpresa, unos ojos desorbitados…: “¡las mujeres hablan! ¡tienen voz propia! son… no puede ser… si, ¡son personas!”
Tras este magnifico hallazgo algo no acaba de encajar del todo: “esto es inconcebible, una mujer que se precie no solo no te rebate y reclama su espacio y su derecho a caminar libremente por la calle o bailar por el bar, sino que además te sonreirá, agradecida, de lo que solo ha sido un "inofensivo" piropo. Estas contestaciones no las hacen las mujeres. Esto que tengo delante no es una mujer verdadera. Solo puede ser una…”
Y aquí viene la palabra que rompe el silencio cortante que se ha creado:
-¡bollera!
¡Como son estos machirulos! No saben que nos están empoderando al poner de manifiesto que la palabra bollera tiene un sentido político. No saben que vacían de contenido la palabra lesbiana como "mujer que desea a mujeres" y la resignfican, definiéndola como toda aquella mujer que se revela contra la opresión patriarcal combatiendo actos de machismo diario.
Nada más habitual y cotidiano que unos tíos pesados en un bar o en la calle dirigiéndose a ti con algún comentario. Ninguna prueba más eficaz para analizar el machismo que nos afecta a todas y permanece velado. Ninguna forma mejor de comprender que el feminismo es nuestro espacio.
Nada más habitual y cotidiano que unos machirulos gritándote cual bestias, invadiendo tu espacio, un espacio del que tienes derecho a disfrutar a tus anchas sin que nadie tenga que molestarte, solo porque sienten que tienen el poder y la legitimidad de hacerlo.
Me pregunto cuántas mujeres interpelan a hombres por la calle para hacer comentarios de su aspecto físico. Cuántas van a tocarle el cuerpo a cada hombre que se cruzan por la calle y que va sin camiseta, que por cierto ahora en verano es un hecho de lo más habitual que no constituye ningún tipo de espectáculo.
El cuerpo masculino es lo neutro. El hombre es el Hombre, es decir, el ser humano. El cuerpo femenino siempre denota y significa sexo. Objeto sexual que esta ahí a disposición del macho ibérico de turno para poder ser mirado y contemplado como una cosa bonita que hay que valorar. Y la puntuación de la exhibición se emite, por supuesto, en voz alta, puesto que todo aquello que es pensado por un hombre tiene valor por si mismo y es legitimo transmitirlo. Los comentarios pueden variar, desde "guapa", "vayas tetas" hasta frases hechas de lo mas populares. En cualquier caso, tu cuerpo (no Tú como Sujeto) camina por la calle, un espacio de todas, a disposición de todo tipo de valoraciones. ¿Y quién es nadie para interpelarme y decirme cosas sobre mí, y pensar además que su opinión me importa?
La reacción más habitual de todas las mujeres que sufren este tipo de machismo es la no reacción. O un silencio o, incluso, una contestación halagada. Lo que se dice un seguir la corriente. Di que si. Es nuestro próximo eslogan ¡Síguele el rollo al machismo!
De modo que, los machirulos no solo se sienten con poder y legitimidad de emitir un juicio valorativo de cosificación sobre ti sino que las mujeres también sienten que ellos están en su derecho de hacerlo. Quédate calladita, sonríe y aprieta un poco el paso por si acaso. Pero déjalos, porque ya sabes… "son hombres."
¿Qué pasa cuando una mujer ha acogido nuestro “ninguna agresión sin respuesta”? Se girará, se detendrá y le contestará un comentario cortante. He estudiado largamente el comportamiento machirulesco en todas las ocasiones en que esto me ha sucedido, y no han sido pocas. Su reacción es siempre la misma: un silencio repentino, una expresión de sorpresa, unos ojos desorbitados…: “¡las mujeres hablan! ¡tienen voz propia! son… no puede ser… si, ¡son personas!”
Tras este magnifico hallazgo algo no acaba de encajar del todo: “esto es inconcebible, una mujer que se precie no solo no te rebate y reclama su espacio y su derecho a caminar libremente por la calle o bailar por el bar, sino que además te sonreirá, agradecida, de lo que solo ha sido un "inofensivo" piropo. Estas contestaciones no las hacen las mujeres. Esto que tengo delante no es una mujer verdadera. Solo puede ser una…”
Y aquí viene la palabra que rompe el silencio cortante que se ha creado:
-¡bollera!
¡Como son estos machirulos! No saben que nos están empoderando al poner de manifiesto que la palabra bollera tiene un sentido político. No saben que vacían de contenido la palabra lesbiana como "mujer que desea a mujeres" y la resignfican, definiéndola como toda aquella mujer que se revela contra la opresión patriarcal combatiendo actos de machismo diario.
Nada más habitual y cotidiano que unos tíos pesados en un bar o en la calle dirigiéndose a ti con algún comentario. Ninguna prueba más eficaz para analizar el machismo que nos afecta a todas y permanece velado. Ninguna forma mejor de comprender que el feminismo es nuestro espacio.
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