Mastico mis lágrimas
como diminutas semillas de fresa.
"Quién pudiera, por ahí, volar"
me dijiste contemplando
un cielo azul despejado
desde tu encierro
en silla de ruedas.
El mismo cielo azul
que desde hoy es ya tu casa.
Mujeres valientes como tú
transfieren su saber y su fuerza.
Gracias por compartir tu vida con la mía.
Misión cumplida.
viernes, 7 de abril de 2017
miércoles, 22 de marzo de 2017
Gymnopédie nº 1
Enamorada de las palabras que crean silencios
me abro y me cierro
palpando tu ausencia
en mi ritmo animal.
Tus raíces ya no llegaban a la tierra
pero tú sabías
que la lluvia de los ojos
no revive a una flor muerta.
Enamorada de las miradas que crean palabras
cayeron sobre tu piel dos pétalos,
y salió, por fin, la flor de los almendros
pero no llegaste a tiempo para verlos.
Hoy me he despertado
con tu nombre en la memoria,
con tu rostro en mi historia
con tu rostro en mi historia
y con tu olor en el Moncayo.
Enamorada para siempre de tus dedos creadores de música y valor.
lunes, 21 de noviembre de 2016
La envidia de la medusa
El gris del mar
ha llegado a nuestros centros.
Abro una ventana
y relamo el olor del aire
mientras se corta el invierno.
Mis escombros hablan de mí.
Y yo envidio a las medusas.
La espuma del mar
ha llegado a nuestros cielos.
Ésa que recibe los golpes sin moverse
hasta que se diluye y se deshace.
Mis escombros hablan de mí.
Y yo envidio a las medusas.
Y yo,
aquí,
clavada en tu tierra
donde nunca me dejaste echar raíces.
Nunca fui planta, ni cuchillo, ni rosa
suficiente ni para del todo quererme
ni para siempre despedirme.
Si fuese una medusa
aún me quedaría
algún corazón intacto.
Pero ni siquiera las medusas
con sus siete corazones
habrían aguantado este último asalto.
ha llegado a nuestros centros.
Abro una ventana
y relamo el olor del aire
mientras se corta el invierno.
Mis escombros hablan de mí.
Y yo envidio a las medusas.
La espuma del mar
ha llegado a nuestros cielos.
Ésa que recibe los golpes sin moverse
hasta que se diluye y se deshace.
Mis escombros hablan de mí.
Y yo envidio a las medusas.
Y yo,
aquí,
clavada en tu tierra
donde nunca me dejaste echar raíces.
Nunca fui planta, ni cuchillo, ni rosa
suficiente ni para del todo quererme
ni para siempre despedirme.
Si fuese una medusa
aún me quedaría
algún corazón intacto.
Pero ni siquiera las medusas
con sus siete corazones
habrían aguantado este último asalto.
miércoles, 19 de octubre de 2016
lunes, 5 de septiembre de 2016
Inmarcesibles
Me late la garganta atravesada por vuestras miradas.
Como dejarse doblar el cuerpo para conseguir el abrazo
perfecto
me envolvéis entre las hojas de los árboles más viejos.
El miedo no existe:
es un montón de pájaros sin alas que saben volar.
Y se va
en este instante,
a buscar otro horizonte,
se va.
Respiro vuestra alegría,
exhalo vuestro valor
y acaricio nuestra lucha,
día a día.
Vuestra vida rima con la mía
lunes, 22 de agosto de 2016
Las palabras se pierden. Se pierden, de una forma irremediable, como
se pierde el miedo a la oscuridad, la compañía de los abuelos, la
ignorancia de la justicia.
El olor de las palabras se evapora, como se disuelven los granos de cacao por las mañanas, como la gota de lluvia atrapada entre los pliegues de la ventana, como la esperanza de cambiar las cosas.
El momento de la escritura llega siempre de forma inoportuna.
El olor de las palabras se evapora, como se disuelven los granos de cacao por las mañanas, como la gota de lluvia atrapada entre los pliegues de la ventana, como la esperanza de cambiar las cosas.
El momento de la escritura llega siempre de forma inoportuna.
Siempre todo se termina. Siempre todo se marcha.
El instante de este calor entumecido, arrinconado junto a las ropas mojadas. El segundo apresado entre los párpados de la conversación entre miradas. El sutil pálpito de un sueño de cambio, de un giro de vida inesperado.
Las historias de las mujeres valientes que nos precedieron. El sonido del monitor del hospital.
Los suspiros encerrados en una silla de ruedas.
Tú solo quieres, por ahí, volar.
Ojalá que no termines. Ojalá, que no. Que no te marchas.
El instante de este calor entumecido, arrinconado junto a las ropas mojadas. El segundo apresado entre los párpados de la conversación entre miradas. El sutil pálpito de un sueño de cambio, de un giro de vida inesperado.
Las historias de las mujeres valientes que nos precedieron. El sonido del monitor del hospital.
Los suspiros encerrados en una silla de ruedas.
Tú solo quieres, por ahí, volar.
Ojalá que no termines. Ojalá, que no. Que no te marchas.
Yo he de encontrar mi camino
allí, justo donde se termina.
Yo he de encontrar el sentido,
he de morder la palabra
he de gritar, en tu cima, poesía.
Yo he de buscar tu mirada
y habré de cobijarme en tus faldas.
allí, justo donde se termina.
Yo he de encontrar el sentido,
he de morder la palabra
he de gritar, en tu cima, poesía.
Yo he de buscar tu mirada
y habré de cobijarme en tus faldas.
Yo he de seguir tu camino
allí, justo donde se termina
asomarme al abismo de tu cuerpo
y en tu cumbre comprender
todo lo que me has negado
y me ha confesado, por fin, el viento.
Hoy Moncayo tiene forma de mujer.
allí, justo donde se termina
asomarme al abismo de tu cuerpo
y en tu cumbre comprender
todo lo que me has negado
y me ha confesado, por fin, el viento.
Hoy Moncayo tiene forma de mujer.
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