miércoles, 23 de mayo de 2012

Aguardadora insomne

Construcciones poéticas al borde del precipicio del tiempo.
Si se me come el reloj con sus agujas no tendré más que decir
más que hacer en este campo lleno de vástagos en sombra.

Contemplar el bagaje de lo inevitable.

Se ha asomado la mañana por el umbral de tu cuerpo
te has asombrado de mi des-contento comprendiendo:
no hay vida más allá de tus ojos nunca negros

jugar eternamente con lo moldeable del lenguaje
con la masa no compacta de palabras
su textura flexible me permite envolverte entre las sílabas

y aunque nada rima todo está construido sobre lo devastado.

Jugar eternamente con las palabras y tú,
con los versos y tú
con tus ojos y tú

con el olor temprano que se posa en mi pañuelo
después de haberte abrigado el cuello

yo arrancaré como una posesa,
como una loca ávida de amor,
cada detalle de ti desde enero

para que sobren las palabras cuando nos amemos.

lunes, 21 de mayo de 2012

Me quiere no me quiere

Me duelen los ojos pero es algo inevitable,
levantar alcantarillas con los párpados.
Me azotan nubes amarillas de miedo,
el rostro es inhabitable.

Diluir temprano el son acompasado de los montes altos

estoy harta de imperativos.

Las trampas mortales pesan sobre la cabeza
un poco hecha de serrín
un poco de lava

precipitándose la grava por la traslación
de caminos impenetrables al son de mis dioses
los que tienen tu rostro

te pondré en un altar para adorarte

el quejido de mis rodillas no será suficiente

tardaré mucho tiempo en levantarme.

Retornar al cascarón morado-roto que se había deshecho,
el que me cobijaba cuando no tenía nombre
líquido amniótico, un aspecto viscoso
lo húmedo del principio de los cuerpos.

La censura intachable de los ojos
y el viento y el frío y el suelo y lo blando
lo tristemente inabarcable de los brazos fijos

ha vuelto el cierzo de repente al mes de mayo.

Cortar el pelo como signo de vergüenza

pero que no
que estoy harta de imperativos

anduvimos largo tiempo por los párpados en sombra
cantando fragmentos de una historia no vivida todavía
ahora las hojas se van posando desde aquel enero
entre las ramas de tus brazos del tronco del invierno

mojarse lentamente la piel de los dedos.

Me duelen los ojos o si o no o si
deshojar la amapola
ya no quedan margaritas

o si o no o si o no

siempre sale quiero
siempre sale siempre.


Mendigar migas aladas

Por no marchitar los trozos exacerbados del dolor
se han prendido llamas a un cielo descalzo.
El fuego me endulza
como lo edulcorado del mar que no llega
como el ruido de la ola entre la espuma por la arena.

Por no truncar las fuerzas desgastadas de razón
he consumido adioses en instantes
hablo de esa perra abandonada en una esquina
bajo el agua de la lluvia al romper sobre la herida.

La perra sin vida que era yo.

Para no dar rienda suelta al corazón.

Escritura

Y qué voy a hacer si yo ya ha volado
y la palabra se me adelanta en el espejo.

Cualquier hipótesis

Un viento negro viene a fragmentarme mi sonrisa descarnada
de ser otra como he sido
seguiría la línea de las ramas azules
pero ahora ando por ellas como por el agua
ingenuamente se colapsa la idea en la garganta
la que se va retorciendo
la  que me ahoga

la palabra no es luz,
la palabra es silencio.

Me absorben manos calladas por la cintura
me muerden la lengua entre los dientes
mis ojos ya no están en sus cuencas
se nublan
se vician
se vacían de todo sentido innato

no me abraces por los hombros
devengo gota en el océano
yo=un precipicio
una arruga que es la ola
en la inmensidad de agua

la existencia se me come

las ruedas se entablan

los mordiscos me inmolan.

Mis dedos sangran,
pero es temprano.

domingo, 20 de mayo de 2012

Mi no-lugar en los márgenes

Envuelve un humo espeso el ambiente, dejando ver a duras penas la música cortando en los oídos. Y ese olor... no, no diré más por no seguir apreciándolo. Se han clavado las miradas altivas, por los tacones altos. Esa mirada me desgarra, me quita la piel a tiras. No a mi, que estoy hecha de toda la mierda del mundo, que me muevo entre los márgenes, sino a cada hija del extrarradio del mundo.

Somos inmigrantes. Exiliadas del patriarcado, de la heteronorma. Y las miradas de ojos pintados nos delatan en silencio, nos censuran hablando. Aprender a gritar con los ojos. Hemos accedido a mordernos la lengua. Pero ya sangra. Vomitarla o ahogarnos en nuestro propio fuego interno. Necesito más agua. Más aliento para escribir. Yo soy palabras. Pero mi subjetividad ha estallado por los aires, mi yo es múltiple, mi yo es hembra, no mujer, es lesbiana, es poeta, es filósofa, es inmigrante, es feminista, es bollera. Para mí no hay tantas cárceles. Pero el enemigo está siempre unido.

A los ojos que me van arrancando los míos a tiras les salen lenguas bífidas y echan veneno por las esquinas, lo inyectan a mi pluralidad. Veneno azul. Y una gaviota volando. Y estos son los más inofensivos. Mentira. El poder se ha descentralizado. Hay trono, pero no hay corona. Nadie se sienta a contemplar las muertes. Porque ya no hay matanzas. Hay suicidios. Y lo que se presumía erradicado sigue matando. Lo invisible actúa. El poder borra sus mecanismos de acción para no ser rastreado. Mientras siguen apareciendo ojos sin vida en las cunetas.

Soy inmigrante en mi propio país que es el mundo. Soy inmigrante de mi cosmopolitismo. Pero no quedan espacios donde ir. No hay más lugares. Ahora conquistar no-lugares. Donde todo se pliega sobre sí mismo. Quererse a sí. Así. Así se endulzan batallas perdidas. Pero en verdad no había ninguna batalla. Solo la que tú libras frente al espejo. Cada día. Lo que te obliga a hacerlo viene de fuera. De ese trono desierto. No lo sabes pero en verdad es jodidamente ridículo preguntarlo. Lo que importa es que no te aguantas la mirada en el espejo. Que no te soportas. Pero otras sí lo hacen. Las que te van devastando. Ya solo queda el silencio.

La Institución no es un lugar, es un flujo, es una red comunicada que atraviesa los lugares, tapando la salida de los no-lugares inventados. La historia de los vencedores. Es como una cuerda. No. Como muchas cuerdas a nuestro alrededor, que nos atan de pies y manos. Que nos conectan. También nos rodean el cuello. Si las estiramos nos ahogan. Ahogamos al de al lado. Mejor no moverse. Mejor no pensar por qué seguir respirando.

O cortar la cuerda.

Correr perseguido por esos ojos altivos hasta el no-lugar, no como escondite, sino como madriguera, como matriz, como útero materno. Para volverte a ser habitable a ti misma. Para convivirte.

La deconstrucción comienza dentro de ti dinamitando la estructura. Los cimientos vuelan por los aires. Si le da algún fragmento en la cabeza al enemigo, mejor. Construir partiendo de la base de que todo está devastado. Erigir edificios sobre contradicciones. Atentar contra la lengua. Batallar desde el lenguaje. Ladrillos moldeables. Líneas flexibles. Espacios abiertos. No-lugares sin paredes. Pero hay que partir de esa base. La que nos hace emerger. Aunque deconstruida.

Pero que siguen matando los ojos que condenan. Que siguen ahogando. Cada día hay muertos por la Institución. La Inquisición son todos los que no se han deshecho a sí mismos. Pero no por no estar en la Institución ya habitas fuera. A veces los márgenes se centralizan. A veces lo transgresor asienta. A veces lo subversivo oprime. A veces la revolución  reproduce lo establecido. La lucha está dentro. Por eso no vemos los ojos que desgarran la piel. Devenimos hacia dentro.
Luego daremos por culo.
En el más placentero de los sentidos.

viernes, 18 de mayo de 2012

Recuperación

Lo firme de ti se ensancha en este camino muerto.
Has sabido salir.
Ya vienes a casa.
Ya vuelves de ti.

jueves, 17 de mayo de 2012

Evocación futura

Me galopan recuerdos por las venas
de un verano añorado no sucedido todavía.
Tu espalda desnuda se acomoda sobre mí
como el pájaro sobre su rama.
Hace calor aunque haga frío.

Perder el equilibrio en tu cuerpo sobre el precipicio.

Más de ti.
Todo de ti.

Tu nombre en mis dientes.

martes, 15 de mayo de 2012

Mi sitio

Enciérrame en tus puertas,
lugar del amor,
hasta que el mundo vaya estallando
en fragmentos de invierno mojado
y entonces podríamos flotar
sobre aguas que desiertos blancos anunciaron

enciérrame para siempre en tus piernas,
mi dulce lugar del amor,
y entiérrame entre tus brazos
seca las heridas que brotan de mis ojos
hasta que no queden espinas

podríamos temblar
seguimos temblando.

Enciérrame en tus labios,
mi eterno lugar del amor,
no me he encontrado pero ahora tengo un nombre

porque tú me has llamado

y mi rostro va brotando de la flor
ésa que se abre y no tiene corazón

tu perfume es el olor de mi adentro

estoy hecha de ti
con el hilo de tu pelo

yo estaré siempre viviendo
en con dentro
de mi Belén lugar del amor.

Des-re-encuentro

No me arrojes a lo nocturno del sol flotando
en tu memoria lo incapaz del desvelamiento rojo
pisar firme un camino de arenas movedizas
al compás ignoto de la alevosía que arremete
fuerte dentro en la vela del centro del barco
el mástil se va fragmentando
y tus astillas se clavan en mis ojos que sangran

pero no reduzcas mi cielo a nada
las cenizas van volando en silencio
mascando el barro del suelo

desde las nubes ha caído toda la lluvia
y ahora ya nada

no bebo de mi ser por más que estire mi garganta.

Custodiada la lengua no puedo hablar ni decir
tu sabor se derrite al contacto conmigo
hace calor si no podemos sentirnos

pero deja, abandona, deshaz tu morada
como el muro que se erige antes de saltar la alambrada

si huimos ahora por el campo quemado
animales sin piel nos seguirán siempre

no me hagas dejar de quererte porque lloraré
aparta de mí esos ojos
la súplica de la marcha
¡que alejes de mí tus palabras!

que me digas que no pasa nada,
que ya se te pasa.

El medio-día medio-blanco

La noche de los cuerpos
del escribir remoto,
mi deseada,
de sentir la lengua en mi garganta

solo la necesidad del contacto del dios de ti.

lunes, 14 de mayo de 2012

En todas partes

Me vas ensanchando la sonrisa
que has trazado en la colina
del amor a las puertas de lo ya perdido.
Y me miras con tus ojos de león
con esa forma indescriptible
y a veces estás triste
y a veces enfadada
y a veces te comes el mundo
y a veces te sobra el alma

y yo no puedo dejar de estar a tu lado
traiga lo que el día traiga.

La matanza de la homofobia: lo que sucede cada día.


En el campo arrasado todavía sobreviven hogueras sobre sus víctimas. El viento se va levantando, llevándose algunas cenizas. Pero el dolor quedará siempre. Pero la herida permanecerá siempre. La sangre multicolor se ha derramado sin piedad, sin motivo, sin razón, con tesón, a desazón. Y se ha vuelto a repetir. La historia se ha vuelto a repetir. La de los vencedores. La historia de quien la escribe: las lágrimas derramadas no serán más que inundaciones necesarias a erradicar; las gotas de sudor desprendidas en sótanos de tortura serán los brillantes océanos, los premios de los que han quedado, de los que han vencido. Bigotes y faldas nadan entre esas aguas. Sombreros y uñas largas. Se jactan de lo natural del mundo civilizado y coherente. De millones de millones de zapatos iguales, del mismo número y tamaño, del mismo color. Pero en verdad no se encaja en ellos. El mundo tiene dolor de pies. Las mutilaciones o las expansiones han caído en el olvido. Han vencido. Han ganado la batalla. A base de fuerza, no de razón. A raíz de muerte, no de motivos. A gala de sangre, no de argumentos.

Se ha hecho ruido esa batalla silenciosa. La que se libraba hacía tiempo de forma velada. Se ha hecho hueco. Queda el eco. Y los cadáveres amontonados. Antes azul sobre rojo. Ahora negro sobre multicolor.
Ha habido brutales persecuciones de madrugada, asaltos en casas dormidas, rasgaduras del silencio de la noche en barrios tranquilos. Todo en silencio. El poder actúa y borra sus huellas. Se lleva sospechosos, se lleva a miembros de familias, las rompe. Se lleva personas. Se lleva vidas. Y luego se levanta un viento misterioso que lo disuelve todo. Y disolviéndolo lo niega. La invisibilización  hace difícil la lucha.
Se han dispuesto ubicaciones, salas de espera, lugares oscuros. Cavernas en cuevas. Y se lleva a cabo la tortura. Las violaciones, las vejaciones, los maltratos, los golpes, la sangre, los disparos, la muerte… El naranja, amarillo, verde, azul, añil y morado se confunden con el rojo.

Han quedado atrás los intentos de cura, las terapias, los electro-shocks, la histeria, los muros, los asilos… Ya no es algo que se tenga, ya no es algo que se padezca… es algo que se es. Es constitutivo a la esencia, es inherente a la persona, es condición de posibilidad de su existencia. Es intolerable. Hay que erradicarlo.
Hay prisioneros, recluidos. Están encadenados, encarcelados, sin comida, sin agua, sin vida. Los cuerpos se van deteriorando. Están visiblemente maltratados. Llenos de cicatrices, de latigazos, de quemaduras. Les falta algún miembro.  Las cabezas están heridas. Las mentes están perdidas.  A los hombres les han amputado los genitales, a las mujeres las violan veinte veces al día. Los que no encajan en estas dos categorías se los han llevado lejos. A un campo. Hay agujeros de bala en las tapias. En las cunetas cerca de los cementerios, cuerpos desnudos con ambos sexos. Y los ojos abiertos sin vida. 

El equipo que somos

Es verdad.
En la cama de hogar que tenemos
se van tejiendo poco a poco nuestros lazos
que ya eran fuertes

si soy capaz de hacerte sonreír en tus enfados,
si eres capaz de hacerme feliz en mis tristezas,

si enfrentamos el mundo y sus espinas de la mano.

Angustiosa espera a la resolución

Tu cara blanca se va deshojando
al calor de la primavera en mis manos.
Viene con más fuerza el calor
a la flor que tú eres
a incendiar tu tallo.

Pero eso que se derrama no es verde,
pero eso que se desprende no es verde

el camino se va marcando con tu sangre.

sábado, 12 de mayo de 2012

Infinitos encuentros

Me envuelve el olor del fracaso
viciado de alcohol
de sitios cerrados
de sudor deslizado.

Me envuelve lentamente
el furor acomodado de la tarde
de esos días de fiesta.

¡Y todo se nubla sin motivos!
Apareces entre el gentío
entre cabezas que se balancean
con el viento que no brota

tú, cerca
muy cerca

mis ojos mirando

y yo tan lejos.

Mis pupilas teñidas de negro.

Patrones

Del centro de mi vida donde estaba el hueco
van brotando sentimientos nunca ajenos
se han creado los motivos
se han movido los pestillos
de las puertas cerradas brotando
de mi corazón de fuego helado

y se van abriendo con cuidado
ante la llave de ti

vas haciendo en mis adentros
vacíos de todo contenido sano
el dibujo de un león
con los ojos verdes
y el corazón enamorado.

martes, 8 de mayo de 2012

E-videncias

Práctica contractualista de los cuerpos chocando.

No pierdas de vista el calor de mis manos.

Vuelta de hospitales

Me des-acogen pasillos blancos
rostros amarillos
largos suelos incendiados.
Pasos al amanecer sin cura.
Agujas como amenazas debatiéndose.

Me des-consuelan las sonrisas sentadas en salas de espera
ansiando la presencia de la bata impoluta
con bolígrafos sin tinta en bolsillos inservibles
con manchas rojas sobre blanca tela,
neurótica.

No podría ser más inhumano
el lugar donde se salvan las vidas humanas
donde se alargan
des-humanamente
des-interesadamente.

No, no me des-aparece esta sensación
cargada de tinta de hierro que pesa
como si algo viniese,
algo malo de repente
a través de la puerta del box
con un aviso urgente

las malas noticias son las que corren
las buenas avanzan tiernas,
muy lentamente.

¡Pero retira del centro
de la consulta este espejo!
¡Que no me vea en él!
¡Que no la vea reflejada!
¡Que no vea esa cara pálida!
¡Que no vea los ojos de miedo!

Si tú te derrumbas
yo soy un castillo de arena

y la marea está subiendo.

Para dar fuerzas cuando no quedan

El tejado de la casa en llamas.
Todo empieza a derrumbarse desde arriba
la herida superficial, la tierna huida
tendrá cura si tú quieres, si me asalta.

Deja de contemplar la soledad perdida,
deja de anhelar la soledad que es mía

la ausente se devora a sí misma

en el silencio de las casas ajenas.

No comprenderse comprendiendo.
Aceptar perder la batalla con una misma.

Que me crecen las alas,
que me hunden las balas

trazas trabas

no pongas tus ojos al sol porque lloraré

no claves tu mirada agotada sobre mi rostro débil
no hagas obviedades de enfermedades sin cura

recoge tus ojeras,
levanta los párpados,
prende las llamas.

Animos

He contemplado la derrota
como el gusano amargo y polvoriento
como el gato encerrado
como el corazón en celo.

No podría dejar de abandonar
este sentimiento hirviendo.

Mi sangre te quema en los ojos.

Tú aguanta.
Eso es todo.

Destapando mi desnudez amada

Entra el calor por la ventana como los cuadros sombreados que se cuelan en las paredes de invierno. Soy mitad león, pero también un monstruo con muchas cabezas. Muchas ideas. Muchas palabras. Muchas. Muchos ojos en cada rostro de todos los que son míos. Todos tuyos. El batir de alas acompasado se cuela entre tus cristales, pero tú no estás en tu habitación, solo el olor que se queda de ti, de las horas mordiéndonos los dientes. Pareces un muro que se abisma en la calma. Pareces una rosa pulverizada. Sin espinas. Te pareces a alguien. No sé a quién. Te pareces a algo, a algo así como empezar a ajarse la ropa con las uñas justo antes de devastar con fuerza lo que ya no queda. Como repasar labios con lenguas.

Las contorsiones del rostro ante el espejo se van volviendo exageradas. Y esa mitad de león mía me va devorando. Ahora rugir entre la calma de ti, entre la paz que tú provocas. Rugir dulcemente al calor de mayo que ya sube, como anuncio inevitable del tiempo impaciente que viene. Mirar las manos mientras te rozo, mientras te escribo palabras, y ver algo alrededor de mi muñeca. La que desemboca en mis dedos, no la de ojos de botones y sonrisa de trapo. Pelo de lana. Vestido con manchas.

Devolver al instante vacío lo vacío. Voy perdiendo toda razón, todo motivo, toda resistencia de mis párpados. Ahora mis ojos en tus ojos como si nunca hubiesen ocultado nada. Como si no hubiesen mentido. Y me ves, reducida a mí misma. Desnuda sobre la verdad sin manta. Quizá te haga un poco de frío.
Pero no he de volver jamás a las máscaras de cera que dan calor y se acaban quemando hasta derretirse. Soy yo.

jueves, 3 de mayo de 2012

Creación de cuerpos poéticos

Toda la noche me vienen devastados los confines más remotos del amor. Toda la noche se deshace en un amargo vino azulado las paredes de mi mente pulverizada. La noche está sedienta. La ausente vuelve a deslizarse por las amapolas tibias que se crecen lentamente en la garganta. Volver a desmontar el acueducto seco, desvaído, que ya no lleva más líquido solidificado hasta la cumbre. Toda la noche me llaman. Toda la noche. Hay muchas palabras. Que callen, o que me ahoguen. Pero que no se vuelvan hacia sí los ojos amarillo-papeles que se concentran en espirales breves en un pecho destrozado por el tiempo. No conocer lo desconocido. Más ideas volando alrededor de un suelo yermo donde no crece nada más que este muro hecho de agua. No hay caricias en el no lugar abandonado de los rostros inocentes. La muerte se come el terreno. La hiedra me crece dentro, me envuelve el corazón una maleza reseca que se retuerce y me retuerce este órgano palpitante que se está volviendo verde, lo ahoga esta madreselva. Desprenderme de los lirios que me crecen en los dientes como arenas movedizas. Pero no dejo de moverme. Y las palabras me acechan desde los rincones de lo oscuro. Volver a mis orígenes. Retornar al útero materno. Pero mi casa, pero mi domicilio particular compartido aunque con habitaciones individuales va a cesar de existir por no inmolarse dentro. No poder volver jamás de donde se partió, como se partió, no volver jamás a no tener dientes. Pero todavía queda un pelo rubio en mi cabeza devastada.

El silencio me habla con una carcajada desgarradora, me señala el hueco, el vacío irremediable que permanece a mi lado. La soledad de la ausente. Antes siempre llena de nada. Cómo terminar la batalla al lado de los mismos rostros con que la empecé. Si se han dado muchas bajas. No he mirado atrás. No he contemplado las pérdidas. La muerte me ha salpicado la ropa. El hedor a sangre no se irá jamás de entre mi boca. Pero no he mirado atrás. No me he agachado para alargar alientos. No me he detenido a taponar heridas incurables. El enemigo seguía avanzando. Es supervivencia.

Toda la noche se traza en la noche. Los cuerpos poéticos hacen el amor, se rozan como cortando metáforas. Ponen en blanco las rimas.

Pero apareces tú, el lugar del amor, arrancando mi noche en la noche, cosiendo el tejido quemado de la blancura desierta, rehaciendo el muro de agua, ahora ya hay entre la batalla y yo una fortaleza, una defensa, una trinchera. Y tu dulce olor, ese olor que quiero describir hace ya tiempo, el que huele a una tarde de calor, a una conversación agitada que te crece por dentro, a un árbol antiguo y sólido, a un rostro respetable, a un derecho legítimo. Ese, tu olor, ese olor tuyo va quitando el hedor a sangre de mi boca, donde planta la semilla de un beso, donde crecen las hojas que alborotan mi pelo. Mi pelo que empieza a ser rubio. Y ya no hay útero materno, y ya no hay origen ni camino para desandarlo, porque aparece un nuevo lugar, una nueva casa, un nuevo hogar que eres tú. El sitio seguro de la creación poética de madrugada: tus brazos cogiéndome el sueño por los hombros. Tu voz salvadora que me despierta cuando me he dormido en mí misma, cuando no sé salir de mi laberinto de locura de letras.

Me obligas a cerrar los ojos. Te estaría siempre buscando, mi eterno lugar del amor.

Eterna derrota


Se me han hecho pequeños los ojos,
ya sabes a qué me refiero,
cuando los entornas mucho
para que las cosas no acaben de suceder.

Me he vuelto pequeña sin querer,
ya sabes a qué me refiero,
como meterme bajo la sábana blindada
para combatir al silencio.

La noche me asalta,
eso es algo que no sabes,
el miedo a lo oscuro nunca se ha ido
aunque tú encendieses luz en el pasillo

porque la sombra ya está dentro de mí:

la que solo puedo disolver con mis dientes,

la que nunca he sabido morder.

Pre-ocupación

Era un dolor agudo,
lo recuerdo, lo recuerdo, lo recuerdo
era una tarde polvorienta en mi piel
o un meteorito chocando
o un cortacésped arrancando
tira a tira los peldaños

y luego fue un dolor de ausencia
como de lo que no ha de venir más
como de muerte para siempre

y ahora es un dolor de lo posible
un sufrimiento no efectuado todavía
un dolor del dolor que puede darse

mientras las nubes se encapotan allí, en lo alto,
donde nunca quiero que vivas.

A una niña grande

Al tallo de la vida
tú le quitas las espinas
y te mantienes
al lado de quien quieres
como la rosa permanente.

A mi pilar de tormentas

No ha dejado de nevar
en este mes primaveral
que ya comienza

si a ti te fallan las fuerzas
a mi se me quebrará la voz
y volveré a hacerme de agua

¡que no te falten las fuerzas!

que no te pase nada.

miércoles, 2 de mayo de 2012

A mi buena voz

"Y el palpitar suave de la mano amiga"
A. Machado

Me han despertado en un sueño,
no de un sueño,
me han arrancado de mi vigilia
para inyectarme este sopor venenoso

y van apareciendo imágenes de poco en poco
ante mis ojos abiertos

hay sangre, muerte, destrucción
una daga gélida atravesando lo inmortal
una bomba detonando en lo definitivo
ruedan pedazos por el aire
y un fuego muy vivo arrasándolo todo

ese campo de lirios ya devastado

pero apareces de repente en el camino
te desdibujas entre el humo y la bruma
las llamas se perfilan a tu alrededor
la vorágine se acerca para devorarte
los fantasmas se empapan de tu olor

pero tú extiendes
tu mano salvadora
y lanzas una roca firme
a la inundación de mi maleza
una piedra de abrazos
una montaña de besos
que quita los escombros
que apaga este fuego

el que a mi me mata
el que no te quema

y entre los párpados crujientes
y entre las lágrimas caídas
"llegó a mi corazón una caricia."


Dosis de realidad para el mundo finito

Me agitan puños de hierro la garganta.
Lo obvio se presenta ante mis ojos
como una verdad nunca desvelada
que no debe darse nunca.
Y si de repente se tambalean los cimientos
y acuden las posibilidades más remotas
a mi cabeza hecha de agua y paja

no puedo soportarlo
no acierto a soportarme

los ojos se van inundando de una sustancia viscosa
pegajosa y salada
como el calor de agosto sobre una cara desnuda

me queman las lágrimas contenidas
me duele el nudo que me aprieta la boca

voy masticando el aliento sobre mi cadáver

hasta deshacerme en pétalos

de la sombra de la sombra de la rosa invisible.