En el campo arrasado todavía sobreviven hogueras sobre sus
víctimas. El viento se va levantando, llevándose algunas cenizas. Pero el dolor
quedará siempre. Pero la herida permanecerá siempre. La sangre multicolor se ha
derramado sin piedad, sin motivo, sin razón, con tesón, a desazón. Y se ha
vuelto a repetir. La historia se ha vuelto a repetir. La de los vencedores. La
historia de quien la escribe: las lágrimas derramadas no serán más que inundaciones
necesarias a erradicar; las gotas de sudor desprendidas en sótanos de tortura
serán los brillantes océanos, los premios de los que han quedado, de los que
han vencido. Bigotes y faldas nadan entre esas aguas. Sombreros y uñas largas.
Se jactan de lo natural del mundo civilizado y coherente. De millones de
millones de zapatos iguales, del mismo número y tamaño, del mismo color. Pero
en verdad no se encaja en ellos. El mundo tiene dolor de pies. Las mutilaciones
o las expansiones han caído en el olvido. Han vencido. Han ganado la batalla. A
base de fuerza, no de razón. A raíz de muerte, no de motivos. A gala de sangre,
no de argumentos.
Se ha hecho ruido esa batalla silenciosa. La que se libraba
hacía tiempo de forma velada. Se ha hecho hueco. Queda el eco. Y los cadáveres
amontonados. Antes azul sobre rojo. Ahora negro sobre multicolor.
Ha habido brutales persecuciones de madrugada, asaltos en
casas dormidas, rasgaduras del silencio de la noche en barrios tranquilos. Todo
en silencio. El poder actúa y borra sus huellas. Se lleva sospechosos, se lleva
a miembros de familias, las rompe. Se lleva personas. Se lleva vidas. Y luego
se levanta un viento misterioso que lo disuelve todo. Y disolviéndolo lo niega.
La invisibilización hace difícil la
lucha.
Se han dispuesto ubicaciones, salas de espera, lugares
oscuros. Cavernas en cuevas. Y se lleva a cabo la tortura. Las violaciones, las
vejaciones, los maltratos, los golpes, la sangre, los disparos, la muerte… El
naranja, amarillo, verde, azul, añil y morado se confunden con el rojo.
Han quedado atrás los intentos de cura, las terapias, los
electro-shocks, la histeria, los muros, los asilos… Ya no es algo que se tenga,
ya no es algo que se padezca… es algo que se es. Es constitutivo a la esencia,
es inherente a la persona, es condición de posibilidad de su existencia. Es
intolerable. Hay que erradicarlo.
Hay prisioneros, recluidos. Están encadenados, encarcelados,
sin comida, sin agua, sin vida. Los cuerpos se van deteriorando. Están
visiblemente maltratados. Llenos de cicatrices, de latigazos, de quemaduras.
Les falta algún miembro. Las cabezas
están heridas. Las mentes están perdidas. A los hombres les han amputado los genitales,
a las mujeres las violan veinte veces al día. Los que no encajan en estas dos
categorías se los han llevado lejos. A un campo. Hay agujeros de bala en las
tapias. En las cunetas cerca de los cementerios, cuerpos desnudos con ambos
sexos. Y los ojos abiertos sin vida.
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